Esto es un descargo contra los que regalan la vida en la ciudad a la especulación de las constructoras e inmobiliarias… contra quienes la clausuran y encierran con rejas…

Dedicado a l@s chic@s -algunos no tan chicos- que piruetean en patines, skeits, monopatines y bicis en las escalinatas del teatro argentino (a quienes les cerraron la “plaza seca” por usarla)… También a los/as que se pierden por las calles para pintar a diario la ciudad.

Y a todos/as lxs que hacen, amasan y practican la vida urbana.

“no se cuestiona aquí la necesidad y hasta la urgencia de planificar las ciudades. Las ciudades pueden y deben ser planificadas. Lo urbano, no. Lo urbano es lo que no puede ser planificado en una ciudad, ni se deja. Es la maquinaria social por excelencia, un colosal artefacto de hacer y deshacer nudos humanos que no pueden detener su interminable labor. En cambio, en todo el mundo se pueden constatar las evidencias de que el proceso que se sigue es exactamente el contrario. Se planifica lo urbano –la calle y la vida que se despliega en y por ella-, pero no la ciudad, que es vendida para que el más feroz de los liberalismos la deprede y haga de ella un negocio. Se estimula la propiedad, pero se restringe la apropiación. En realidad, una cosa es consecuencia de la otra: la renuncia de la administración pública a planificar la ciudad, para entregar al desorden especulador y a su conversión en producto de y para el consumo, sólo es posible manteniendo rigurosamente vigilados los espacios por los que transcurre una vitalidad urbana contemplada siempre como obstáculo para el buen marketing urbano y como fuente de desasosiego para cualquier forma de poder político”. Manuel Delgado, Sociedades movedizas, 2007.

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