La organización de la cultura

(Notas a propósito de la muestra “Todavía no llegó el cocinero” Ruta 5)


Matías David López
Diciembre 2012

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1. Cultura y producción cultural

La dimensión antropológica para entender la cultura es fundamental para construir pensamiento, para saltear los esencialismos y naturalismos. En sí, está todo bien con tomar / hacer andar un concepto antropológico para nombrar y describir la cultura (o las culturas en plural): ese concepto abierto, amplio, incluyente que dice que todo lo que hacen los seres humanos es cultura. Pero ésta idea ¿alcanza cuando pensamos en producciones culturales que operan en la realidad –del campo cultural- para y por algo?

En el campo cultural* lo diferencial de ciertas producciones en relación a algo general de la acción humana que podemos llamar “cultura” es que se opera, se interviene con una intencionalidad, que puede ser política, ideológica, proyectual, de posición o posicional… o una mezcla de todas ellas.  Esa intencionalidad marca una dirección, un camino, un “objetivo” a conseguir o buscar. En la producción cultural de Ruta 5 en esa mezcla, ese “rejunte” que propone Síntoma curadores como clave de lectura, quizás ese convite de cosas que allí se amasan ¿se puede marcar una intencionalidad? Y en todo caso ¿por parte de quién o quiénes? ¿Puede un lugar, un espacio ser sujeto? Creo que sólo si ponderamos las relaciones humanas que allí gestan y –siguiendo la lógica de argumentación anterior- sólo será sujeto si busca ser sujeto, si tiene esa intención. Puede sonar bueno: un lugar que es sujeto, muestra (objeto, producto, cosa) y expositor (o mejor, productor) al mismo tiempo. En todo caso –en el caso de Ruta 5– todo eso será sí hay relatos que lo organizan para que sea. Y esos relatos son los de Síntoma y su propuesta, los del curador y los tres relatores-escritores invitados. Pero ¿Ruta 5 en, con y como su propio relato qué dice? ¿Qué intencionalidad marca? ¿Qué busca como producción cultural?

No digo que la producción cultural tenga que pasar sólo por los espacios instituidos por el Estado o instituidos por las prácticas sociales de determinados actores que pueden ser considerados referentes en el campo de la cultura local. Por eso no entiendo que “la cultura” se encuentre sólo en el Pasaje Dardo Rocha, ni en el circuito Meridiano V, ni espacios culturales más under o independientes. Por suerte, las prácticas culturales son muchos más huidizas como para encerrar-se sólo en los espacios validados. Sin embargo, los espacios y las prácticas emergentes se tienen que validar para que se los reconozca como participes de un campo, buscando ocupar alguna posición. Dice Síntoma que “hay cultura”. Claro que sí, pero cuál es, qué producción cultural específica, propia se da en Ruta 5. Producción cultural entonces como producción intencionada, es decir movida por objetivos, por preguntas, por intenciones. Intencionada porque busca intervenir en lo real, en su construcción. En este sentido, la “muestra” de Síntoma tiene todos esos elementos. ¿Pero Ruta 5?.

Cierro la idea de intencionalidad, similar discusión se da en el campo educativo para marcar la diferencia entre educación y formación: la educación siempre es intencionada y a su vez juega un rol fundamental la participación de ciertos sujetos educativos que la organizan (en currículas, en tiempos, en saberes disciplinares y perspectivas teóricas, en formas didácticas de enseñar, en saberes pedagógicos, etc.). Entonces: al momento de reflexionar sobre la producción cultural hay que pensar en los sujetos que la organizan. 

Síntoma, los gestores-organizadores de la muestra, propone que Ruta 5 “es un punto de la ciudad cargado de producción cultural. Condensa símbolos que expresan una frontera porosa entre diferentes culturas, la tensa convivencia de distintas identidades, el cruce de prácticas contradictorias y el rejunte como modo de ser en la ciudad.” En este sentido, cuando pensamos los “puntos nodales” de la producción cultural en la ciudad, los “espacios culturales”, no habría que limitarse a entenderlos en tanto “frontera”, “tensa convivencia”, “rejunte” o como “cruce”, sino en pensar en qué organizan, cuáles son sus intencionalidades y búsquedas, sus proyectos: eso habilitará a pensarlos como espacios de producción cultural y no que coexistan “distintas identidades” o haya un “código de convivencia” común como dice el curador invitado. En La Plata espacios de cruces y tensiones hay muchos. Cuál sería la diferencia entre Ruta 5 –si lo pensamos como productor cultural-, la terminal de micros, la feria “improvisada” en la vereda de las facultades en calle 48 o el subsuelo del Banco Provincia de calle 7.** Puedo preveer que no es lo mismo sentarse a tomar una cerveza que hacer una fila para cobrar o chocarse con gente comprando alguna prenda, comida al paso o poster; que en la primera entraría una dimensión del ocio o del placer, pero ¿eso alcanza para encontrar su cualidad diferencial?. Alguna vez leí que los relatos construyen ciudades, adosaría además, los relatos también construyen espacios culturales.

 

2. El determinismo espacial

Es muy común escuchar sobre La Plata, “la ciudad nos encuentra”: quizás en este tipo de ciudades por sus dimensiones “ideales” para andar o -para algunos un poco positivistas- por su trazado urbanístico perfecto. Son ciertos clisés que van narrando la ciudad. Yo tercamente diría que no es “la ciudad” sino son sus relaciones y agregaría, relaciones que a veces te encuentran y otras te desencuentran. Hace algunas décadas, Henri Lefevre distinguió con mucha lucidez ciudad de lo urbano (o la cultura urbana). Básicamente la ciudad era el lugar de lo urbanístico, espacio concebido y reglado por el urbanista donde parecería que no se pensaba que la ciudad fuese habitada, es decir, apropiada por las personas. Esos que con sus pasos generarán otras formas no previstas de andarla ya que apropiarse y habitar no es lo mismo que circular. La cultura urbana es precisamente esas formas, relaciones y acciones no concebidas, y no concebidas muchas veces antes del mismo momento en que acontecen, entra así en el plano de lo practicado. Tomando esta distinción y la propuesta de Síntoma en relación a que “siempre hay lugares [en el espacio urbano] que condensan sentidos”, habrá que reflexionar entonces sobre la tensión por el lugar, la posible caída en un determinismo espacial es lo que hay que evitar al momento de pensar en las ciudades, sus calles, sus paredes, sus lugares como espacios de encuentro y sentidos.

 

3. Salir a hablar, escribir, leer, ver.DSC04503

¿Hace falta un señalamiento? Quizás sí, para desnaturalizar nuestro andar frenético por el centro de la ciudad, quizás sirva para generar un mojón, un parate para mirar de nuevo, mirar con otra mirada (y quizás mirar con ojos de productores-gestores culturales).   

Me surge otro interrogante: ¿quién habla? En la curaduría y las escrituras propuestas hay cuatro universitarios (que actualmente transitan la universidad o la han transitado)***. Desde la misma apuesta curatorial sabemos que el mundo Ruta 5 es tan heterogéneo cómo para poder aprehenderlo –entonces entendemos que las lecturas que un sociólogo y tres comunicadores no alcanzarán, pero ya es un zarpado intento-. Entonces, la producción cultural de Ruta 5 es múltiple, heterogénea, imposible de capturar pero en esta propuesta es hablada, es escrita por universitarios. Con esta propuesta se demuestra que Ruta 5 tiene –quizás sin necesitarlo o sin proponérselo- quiénes le escriba****. Síntoma curadores también. Además, se dio, en el propio momento de la muestra, algo más que interesante, se propuso y generó un encuentro para realizar un ejercicio de lectura: de un catálogo (con sus relatos y el proyecto) y de leer el espacio. Eso se logró. Y se logró también porque surgieron comentarios como algunos de los que pude recolectar: “esto es muy extraño”, “llegamos medio tarde, ¿nos perdimos de algo?”, “¿va a haber algún discurso? ¿va a hablar alguien?”, “¿ya arrancó la muestra?”, yo mismo me pregunté “¿irán a colgar algo?”. Entonces, la “muestra” quizás como una excusa para el encuentro, para leer, para mirar, escuchar y hablar, para tomar unas cervezas y comer unas papas fritas, para despedir el año, para que se junte gente que se ve seguido, algunos que no se ven casi nunca o para que otros se conozcan. Creo que son las más interesantes propuestas “de muestra” las que invitan no sólo a observar, sino también a poner atención en la escucha, el habla, el olfato, la lectura.  

 

4. Salir a encontrar.

¿Hay encuentro? Hay encuentro, los hay, los hubo, los habrá. Pero ¿cuál es la noción de encuentro que manejamos? ¿Encuentro como comunicación, como comunión, como estar juntos, como compartir un código? Si lo pensamos desde un lugar filosófico-político ¿realmente hay encuentro?. Si abrimos la idea de encuentro quizás tengamos que pensar que el “rejunte” de cosas diferentes es una de sus formas. En todo caso también el encuentro, incluso siendo fortuito, es siempre una apuesta por encontrarse. Habrá que seguir reflexionando sobre esto.

Por último, estas palabras de cierre son celebratorias de Síntoma Curadores. Sus apuestas buscan interrogar y cuestionar el estado de cosas en el “campo cultural” y en otros espacios más también. Buscan mover para y más arriba –ya es toda una importante intención- los techos que se suelen poner a ciertas prácticas y propuestas culturales en la ciudad. Lo que me gusta de Síntoma es que toma riesgos, sabe que puede hacer enojar, confundir, hacer que algunos no codifiquen sus propuestas, intuyendo que la provocación tiene sus límites. No le gusta “lo mismo de siempre” y no corre por el camino de buscar lo perdurable, esa quizás sea su virtud y su límite; en todo caso es el riesgo que toman las apuestas que en su producción cuestionan las propias relaciones –de poder, de producción cultural- en las que están insertos y en las cuales se ponen a producir: Síntoma está destinado (si logra sus cometidos) a desaparecer.

fotos: gentileza de Síntoma curadores

El catálogo puede ver y leerse aquí


*La intención de este pequeño texto no es celebrar y apabullar con la “teoría de los campos” propuesta por Bourdieu, para eso ya hay muchísimos bourdieanos insoportables. Sólo nos limitaremos a lo concreto que sirva para la argumentación.

** En ese subsuelo donde se arman tremendas colas de viudas, policías, chicas con bebes y trabajadores precarizados por el Estado que van a cambiar sus cheques por efectivo, más los trapitos y comerciantes que van a buscar o cambiar monedas y los propios empleados bancarios… y en esa caldera: risas, caras de culo, chusmerios, algunas discusiones, el surgimiento de líderes para ordenar la filas humanas.

***Ciertas coordenadas similares a quien escribe estas líneas. Ciertas coordenadas similares de los que asistimos a la invitación de Síntoma el jueves 27 de diciembre.

**** En algún pasaje Josefina Garzillo, una de las plumas del catálogo, enuncia: “por si te hicieran falta, a vos, estos textos nuestros”.

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