Escrito originalmente para una revista que es todavía es una idea de publicación. Veremos. Pero este texto  corre con el tiempo, con estos tiempos presentes, de la nube y la blogosfera…  es larguito unas cuatro carillas pero creo que vale la pena.

¿Después del cemento, está la playa?

 

Matías David López – Agosto 2012

no-al-canonI. Bienvenidos al desierto de lo real

Hace poco más de un año se intentaba tratar en el Congreso argentino el proyecto de ley del “canon digital”. La posibilidad que crear un gravamen a los dispositivos y productos tecnológicos puso en alerta a mucha gente. Quizás lo novedoso –y alentador- de esta situación sea que activó a muchas más personas que los involucrados en temas de software colaborativo, libertad de expresión y nuevos usos en la web (sí, lamentablemente somos pocos). Es decir, ir más allá de “los mismos de siempre” –los mismos que a su vez, detonaron el tema para que la discusión se desate, dando pie a que se movilicen acciones de protesta virtual, indignaciones y reclamos varios- motivó por ejemplo que este tema cobre notoriedad en las redes sociales y en los medios de comunicación nacionales; de esas acciones colectivas a veces organizadas a veces dispersas, se derivó en que ese proyecto se bajó de la agenda parlamentaria. Sobre todo en “la Red” los usuarios se hicieron notar: el eslogan NO al Canon Digital circuló por post, “qué estás pensando” de los muros de Facebook y  hashtag. Los comentarios en relación a un “impuesto por las dudas” (a que se vaya a grabar o copiar una producción) proliferaron. Las invitaciones a enviar mails a los legisladores repudiando el proyecto también. Entre esos comentarios estaban los piolas, los libertarios, los ingeniosos, los indignados, los insultivos, los que mezclan todo y con estos los que tomaban de lleno una postura reaccionaria, y a la vez, en contra del canon!. Quizás por primera vez en Argentina se desataba una insipiente polémica pública sobre los asuntos relativos a las tecnologías, la web y sus usos de forma más o menos masiva. Los usuarios de la web se plantaron, la presión dio efecto.

Los gestores y caras visibles de esa propuesta legislativa eran los senadores Miguel Ángel Picheto del PJ Frente Para la Victoria y Rubén Giustiniani del Partido Socialista. Los lobbystas, apoyadores y principales interesados en que se dictaminen leyes como ésta eran las empresas discográficas y varias cámaras empresarias argentinas. Ante los reclamos, los dos legisladores no quisieron murga –en momentos previos a las elecciones de octubre- y dieron marcha atrás con el proyecto. Haciendo un seguimiento del mismo, se puede observar que en marzo de 2012 el expediente caducó y fue enviado a archivar.

En el mismo 2011 se había confirmado el procesamiento a los dueños de Taringa! y se conocieron las primeras denuncias contra Cuevana (más adelante nos detendremos en esos y otros casos). Los argumentos de los denunciantes, con la famosa Ley 11.730 bajo el brazo, es la infracción a los derechos de propiedad intelectual amparados en esa legislación sancionada en el país en 1933.

A fines de 2010 el sitio Wikileaks abrió el grifo de correos, mensajes clasificados y cables diplomáticos de agencias internacionales y embajadas de EE.UU. y estalló todo. Los pronosticadores dijeron que nada en el mundo (de la geopolítica) iba a ser como hasta ahora. WikiLeaks pasó a ser uno de los temas más buscados en la web. Su creador Julian Assange comenzó a ser el hombre más buscado por la Interpol, como héroe/villano de película de intriga internacional… Pero su intensa búsqueda no fue –en un primer momento- por la divulgación de esos documentos –cuestión por la que no están encontrando herramientas jurídicas y políticas para detenerlo-, sino por presunto abuso sexual. En agosto de 2012, luego de Assange estuvo dos meses refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres, Ecuador decidió darle asilo diplomático, entre otros argumentos por el “riesgo para la seguridad y la integridad” y porque “el señor Assange compartió con el público global información documental privilegiada que fue generada por diversas fuentes, y que afectó a funcionarios, países y organizaciones”.

Pero el 2012 había arrancado movido, mientras veraneágamos nos enteramos de las detenciones a los dueños del sitio de almacenamiento y descargas Megaupload acusados de piratería informática, así de la noche a la mañana el FBI y el Departamento de Justicia de EE.UU. clavaron sus logos en la web mencionada. (ver nota) Las imágenes de la detención de “Kim Dotcom” fueron elocuentes: de la mansión donde estaba se llevaron un Cadillac rosa, un Rolls Royce y un par de motos acuáticas. Cómo ya se la veían venir Megaupload construyó en diciembre una campaña de apoyo lanzando un video promocional donde varios artistas y deportistas defendían la existencia del sitio. A su vez, en esos momentos llovían denuncias contra el sitio argentino Cuevana que parecía en cuenta regresiva hacia su desaparición.

Por esos días de inicios de año, los principales estados del planeta pretendían sancionar –con dispar éxito- leyes restrictivas y punitivas sobre los usos de internet. Así aparecían nombres como PIPA, SOPA, ACTA para engrosar nuestro conocimiento de siglas de leyes y acordadas (ver video). En reuniones –varias de ellas ocultas a la prensa y la ciudadanía- los mandatarios llegaban a acuerdos para vigilar y castigar. Los Anonymous estaban ahí para contrarrestar tantas pálidas y poder de policía liberado: bajaron los sitios del Departamento de Justicia y de algunos sellos discográficos (Ver: 1 y 2) y colgaron todos los contenidos de Sony –música y películas-, claro ejemplo de que si el poder imperial es global, la resistencia a él también. Arriba los que luchan! Por el lado parlamentario en la asamblea de principios de julio del Parlamento Europeo, finalmente se rechazó el ACTA: 478 votos en contra, 39 a favor y 165 abstenciones. (Ver nota) Mientras que otros estados suscribieron a este tratado comercial, entre ellos, Estados Unidos, Canadá, Japón y Australia.

 

II. El páramo argentino: penalidades y debates

A fines de 2008 el profesor Horario Potel fue a juicio por difundir filosofía. Denunciado penalmente por la Cámara Argentina del Libro (CAL) –que siguió una queja de la Embajada Francesa en Argentina- para quienes los sitios web “Heidegger en castellano” y “Derrida en castellano” gestionados por Potel, que los define como “bibliotecas públicas on line”, son un peligro. En esas páginas se pueden descargar de forma gratuita textos de esos autores traducidos al español por el propio Potel. “No entiendo por qué tanta necesidad punitiva –se preguntaba el denunciado- por parte de una corporación que dice defender la lectura, la educación y la cultura”. Potel se vió obligado a dar de baja los sitios. La fiscalía dio lugar a la denuncia: pidió allanamiento del domicilio e intervención de teléfono y las cuentas de correo. El Juez dejo en suspenso esas medidas pero resolvió su procesamiento y lo embargó en 40.000 pesos. Finalmente en noviembre de 2009 sobreseyeron a Potel. Tomando a Derrida, Potel plantea que “el conocimiento no es una mercancía, es una transmisión, una traducción, una tradición, una herencia, que como tal me preexiste. Lo que trae como consecuencia que el texto singular se independice de su supuesto autor para devenir máquina productora, diseminante del sentido, separada de la conciencia y por tanto de las intenciones y de la plenitud del “querer–decir” de éste, y de cualquier otro que quiera erigirse en el dueño.”

Otra situación de denuncia, bastante más resonante, fue la que recibieron los responsables de Taringa! también por parte de la CAL. Procesamiento y embargo por 200.000 pesos al considerarlos “partícipes necesarios” del delito de violación a la propiedad intelectual, por permitir que a través de su sitio diferentes usuarios suban y descarguen material protegido por esa ley. La CAL los denunció, pero empezaron a construir un principio de acuerdo, que finalmente se firmó a fines de marzo de 2012. Este establece mecanismos de protección de los derechos de propiedad intelectual a cambio de que esa cámara de los editores desista con la demanda y no llegue a juicio. Para dar su versión en el portal de Taringa! publicó el anuncio: “el convenio que firmarán ambas partes apunta hacia un modelo de circulación de obras protegidas en el entorno digital que permite la confluencia de los intereses de los titulares de los derechos y los desarrolladores de sitios en la Web. (…) Taringa! facilitará a la CAL una herramienta para que ellos mismos desactiven enlaces subidos al sitio que consideren lesivos de los derechos de autor.” A cambio de esto se desestima el procesamiento de los dueños de Taringa!.

cuevanaEn cuento a Cuevana, desde fines de 2011 comenzaron a las denuncias penales. Los demandantes son verdaderos pesos pesados de Hollywood: Motion Picture Association of America, Warner, HBO, Universal, Paramount, Disney, entre otros. Además desde Argentina se sumaban Telefé y la Unión Argentina de Videoeditores. La Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Argentina publicó un comunicado de repudio a este tipo de sitios. Tomás Escobar, creador y dueño de Cuevana, plantó bandera: “Jamás en la vida voy a pagar derechos por una película o una serie, yo no creo en eso. Que le reclamen dinero a otros, yo no voy a pagar. Y si me cierran Cuevana, mañana abro otro sitio”. En todo este revuelo hubo un, supuesto, “ataque” al sitio (confirmado por Escobar), relacionado –también supuestamente- con un grupo de ex uploaders que tenían demandas por derechos salariales (vean el video casero y trucho emulando a Anonymous! http://cuevanatv.tumblr.com), a la par vino un rediseño de la web y muchas quejas de los usuarios, sobre todo por lo “lento”. El sitio tuvo que bajar (o dejar de linkear) a algunas series por orden judicial.

El principal argumento de los administradores tanto de Taringa! como de Cuevana, es que ellos no están violando la ley de propiedad intelectual ya que no alojan contenidos sino que indexan (linkean) contenidos que están disponibles externamente, es decir, cargados a otros sitios o espacio en la web. Escobar sostiene que “Cuevana lo que demostró a lo largo de los años es que realmente hay una necesidad de consumo que no está satisfecha. Cuando millones de usuarios, de ciudadanos, hacen algo que va en contra de la ley, habría que replantearse la ley”. En esos nuevos-verbos-acciones de indexar, linkear y habilitar está girando la manera de estar en la web.

Entre las posturas moderadas está la del director de cine Juan Villegas. Para él existe un conflicto entre los derechos de los consumidores de cine en Internet y los de los titulares de los derechos de las obras que allí se reproducen de forma gratuita, teniendo presente el liderazgo de las descargas o el streeming como importantes modalidades de consumo. “¿Pero es realmente gratis? ¿Hay algo gratis? –se pregunta el director- Todos sabemos que alguien siempre paga. ¿No están pagando de alguna manera los titulares de los derechos de cada película o serie que se ofrece gratuitamente?”.  Y continúa en relación a webs como Taringa! o Cuevana: “creo entender que el problema de estos sitios no es la evidente comisión de un delito sino, por el contrario, su convicción no sólo de su inocencia, sino de estar generando un espacio a favor de la libertad de expresión. Tal vez sea un error seguir planteando la exhibición ilegal de cine en términos de piratería, a partir de parámetros policiales. Ni los propietarios de las plataformas de Internet que promueven descargas ilegales ni los consumidores que visitan esos sitios sienten que estén robando nada. Y creo que esa ya es una batalla cultura perdida”.  Y remata: “Taringa sobreactúa su inocencia y su neutralidad. Así como sostengo que es inútil criminalizar un consumo que ya está  naturalizado, también es insostenible defender sitios que ofrecen contenidos gratuitos y son visitados por miles o millones de usuarios, como si fueran generosos espacios a favor de la libertad de expresión.” A pesar de que ciertas líneas de este pensamiento pueden ser realistas e interesantes (como la de no criminalizar o entender que estamos atravesando un escenario de cambios en las formas de consumo) Villegas no ve diferencias entre los derechos de los editores y los autores. Esto lo lleva a no detenerse demasiado en cuestionar cómo se reparten las ganancias de una producción de cine o TV.

Por su parte Beatriz Busaniche, docente universitaria, integrante de Vía Libre y continua militante del software libre, sostiene que Argentina cuenta con una de las leyes de propiedad intelectual más restrictivas -por ejemplo al no contener excepciones de acceso para archivos o bibliotecas públicas y populares-. “La duración, alcance y limitaciones de los monopolios de derechos autorales consagrados en la Ley 11.723 deben ser revisados como una política pública tanto cultural como educativa. Se trata de una ley que alcanza y afecta tantas prácticas sociales comunes, que su revisión se torna cada vez más necesaria.” En este sentido, plantea que se tiene cambiar la ley vigente acorde a la protección de la libre circulación de la cultura y el conocimiento. “Si para ejercer derechos consagrados en el PIDESC [Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales] hace falta violar una ley como la 11.723, es menester y urgente plantear una modificación o un reemplazo de la misma que implique la despenalización del acceso y participación en la vida cultural y el goce de las artes, y que ponga a Argentina en línea con los compromisos asumidos con los Pactos Internacionales de Derechos Humanos.” Para esto sostienen que una buena política pública en materia de acceso al conocimiento y propiedad intelectual “debe fundarse en un debate público amplio con todos los sectores involucrados, responder a objetivos concretos de promoción del bien común y el respeto de los derechos sociales consagrados y contar con mecanismos de evaluación de costo-beneficio social. El sistema de propiedad intelectual no sólo incumbe a los actores famosos de la industria del entretenimiento. Se trata, en cambio, de un tema de preocupación generalizada para muchos sectores involucrados, especialmente el mundo académico, las bibliotecas, los consumidores y los ciudadanos en general, así como los medios de comunicación, ya que las políticas de propiedad intelectual se tocan de cerca con las políticas de libertad de expresión y acceso a conocimiento.”

Habitamos el mundo del capital en donde y por lo cual, hay sectores que creen que sin copyright no hay producción intelectual y cultural posible. Aunque filosóficamente pensemos que el mundo no es sólo binario, sino múltiple, no hay que descartar ese tipo de contienda: propiedad intelectual-privada vs. derecho a la educación /  la cultura / el conocimiento y la información. Propiedad privada o cultura libre.

III. Nuevas legislaciones para nuevos usos

Las situaciones actuales a las que nos enfrentamos en relación a la “nube” plantean cierta necesidad de generar nuevas legislaciones que tengan en cuenta los nuevos usos y prácticas de Internet y las tecnologías, es decir, a muchas de las transformaciones culturales contemporáneas. Entre los que están debatiendo estas cuestiones muchos sostienen que ir con la ley penal contra los usos de las tecnologías e Internet es una respuesta desproporcionada e inadecuada. A su vez, en dichos debates entran en tensión cuestiones como la soberanía nacional y digital-tecnológica (por ejemplo, una propuesta como PIPA plantada desde el congreso de los EE.UU. pero con resonancias globales), el control estatal y los derechos individuales (comúnmente llamados como “acciones privadas”). Pero, si es necesario nuevas leyes para un nuevo escenario –tecnológico-digital y cultural- éstas tendrían que constituirse desde una filosofía política sustancialmente diferente a como se plantean actualmente desde el reforzamiento de los controles y penalidades. Quizás, en el desierto de lo real actual una utópica: legislaciones más allá del poder del capital, poniendo primacía en el acceso al conocimiento y la información, la libre creación y la libertad de expresión. Otra cuestión a trabajar: ir más allá del problema del acceso, una cuestión primordial, para nada resuelta en la sociedad (capitalista) “del conocimiento”. El “acceso”, problemática noble, progre, “socialista”, no debe opacar otra cuestión neurálgica: los modos de producción social dominantes. Las formas de producción social que a veces chocan, colisionan pero otras se acoplan, adaptan y toman a las tecnologías para reforzar la desigualdad y la explotación.

ahivamosIV. La web como espacio público

Llegamos a un último punto, para plantear más apuestas y potencialidades. ¿La web puede ser un espacio público? Quizás la pregunta está de más, y es mejor afirmarla desde el vamos: la web es –parte del- espacio público, es esfera pública ampliada. Otro “territorio” para la intervención-producción cultural y simbólica.

La gran intensidad de “fake” virtuales (y virales) muestran algo positivo: la posibilidad de tomar a las redes sociales y la web como recursos/dispositivos para intervenir, para activar comunicacional y políticamente y generar así otros discursos sobre la realidad, o mejor, la posibilidad de construir realidad a secas. Sin embargo, como mucho de lo que se entiende como novedad, también se vuelve común y –en tiempos cada vez más efímeros, fugaces, “líquidos” y chorreantes- se puede perder en una inmensidad de palabras e imágenes, juegos del lenguajes y boludez… ¿la banalidad del bien?. Los ejemplos se cuentan por cientos… que no hay apoyo a los deportistas olímpicos argentinos a que el ENARD es lo más grande que hay y el “deporte es política de estado”… Qué el INDEC dice que una familia puede vivir con 6 pesos por día a que no lo dijo… ah y también los que le pegan al gobierno de Macri en la ciudad de Buenos Aires.

Todavía hay mucho para probar y desandar en la posibilidad de hacer de la web un espacio público: espacio que no sea sólo de descargas, opiniones y debates, sino también para desatar conflictos. Queda mucho además para interrogar y explorar a la web y las tecnologías en tanto dispositivos y recursos para la producción cultural y la acción política. Apenamos comenzamos, recién estamos viendo la playa.

 

Bibliografía

Beatriz Busaniche, “El estado de las políticas públicas de propiedad intelectual en Argentina”, PNCE – Revista Digital de Políticas de Comunicación N° 5, 2012. Link: http://pnce.com.ar/index.php/historial/pnce-nro5/90-el-estado-de-las-politicas-publicas-de-propiedad-intelectual-en-argentina.html

Xavier Marcé, entrevista, revista de cultura Ñ, 10 de junio de 2011 Link: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/tecnologia-comunicacion/Entrevista_Xavier_Marce_0_496750555.html

Juan Villegas, “Los aliados ilegítimos”, revista de cultura Ñ, 2 de junio de 2011. Link: http://www.revistaenie.clarin.com/escenarios/cine/Los_aliados_ilegitimos_-_Juan_Villegas_0_488951153.html

Ariel Vercelli, Repensando los bienes intelectuales comunes. Tesis de Doctorado-UNQ, febrero de 2009. Link: http://www.arielvercelli.org/rlbic.pdf

Carlos Gradin (Comp.) Internet, hackers y software libre, Buenos Aires, Ed. Fantasma, 2004.

Facundo García, entrevista a Horacio Potel. “’El conocimiento no es una mercancía’”. Página /12, 26 de abril de 2009. Link: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-13662-2009-04-26.html

Sitios para visitar

Vía Libre: http://www.vialibre.org.ar

SOLAR: http://www.solar.org.ar

Derecho a Leer: http://www.derechoaleer.org

Infografía Canon Digital http://www.derechoaleer.org/2011/06/infografia-el-canon-de-pichetto-y-giustiniani.html

(agregado – para descargar): Bianca Racioppe, Cultura libre y Copyleft: otros modos de organizarse para gestionar lo cultural-artístico. (Tesis de Maestría-FPyCS-UNLP) Link: http://www.articaonline.com/wp-content/uploads/2012/11/Tesis-Bianca-Racioppe.pdf

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