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Luego de algunos intentos para que esta crónica circule por algún suplemento de cultura, si en esos suplementos conocidos, y que tuvieron su errancia (un envío que llegó y no tuvo respuesta, otro envío que terminó en un mail rebotado) ya no hice más insistencias. Lo comparto ahora para estos encuentros entre editores y autores que se traman en Zona Futuro en la feria del libro.

Los editores suben al escenario. Notas sobre el Primer encuentro de Talento editorial

Matías David López

imageLa literatura tiene su lugar en el caribe colombiano. El 30 de enero se inició la 9 edición de Hay Festival, uno de los eventos culturales que acoge Cartagena de Indias. Esta ciudad además de un tradicional balneario y puerta de acceso a otras playas caribeñas, es un epicentro cultural en donde se realiza gran cantidad de festivales: cine, música, jazz, teatro y en este 2014 tendrá su primera Bienal de arte contemporáneo. Cartagena se mueve desde los primeros días del año.

El Hay Festival está dedicado a la palabra. No es lo que se suele entender como una feria del libro sino, en palabras de su directora Cristina Fuentes, una “celebración de la palabra oral y escrita, de la literatura y del libro”. El festival, durante cincos días, presenta y debate sobre literatura y todo el mundo que se crea en y sobre ella. Así el nutrido programa está integrado por charlas, presentaciones de libros y de nuevos autores, sumado a espacios de conversaciones con escritores reconocidos de la literatura iberoamericana y anglosajona -como Ricardo Piglia, Rosa Montero, Laura Restrepo y Cees Nooteboom-, analistas políticos y periodistas -como Jon Lee Anderson e Ignacio Ramonet-, recitales musicales y galas de poesía. Estas actividades forman un conjunto heterogéneo para perderse -y encontrarse- por la grilla y los lugares bellísimos de la ciudad amurallada. En fin, un festival que acerca a diversos actores del mundo de las ideas, el pensamiento y las artes.

Pero también en ese evento, hubo un espacio destinado a otros protagonistas, menos reconocidos quizá, de ese mundo: los editores y las editoriales. Este año, dentro de los diferentes programas -suerte de secciones del festival- se llevó adelante durante dos días el primer encuentro de Talento Editorial, un momento particular donde las editoriales de libros pequeñas y grandes, consolidadas y emergentes, independientes e institucionales tuvieron su lugar para compartir sus experiencias, escucharse y debatir. Algunos libreros independientes también fueron de la partida.
Talento Editorial, organizado por Paco Goyanes -de la librería Cálamo de Zaragoza- y la gestora cultural Ana Cañellas con el apoyo del Ministerio de Cultura de Colombia, la Acción Cultural Española y la Cámara Colombiana del Libro, contó con participantes invitados de varios países, en especial de Colombia, España, Inglaterra, México, Chile y Argentina. Asistieron de nuestro país, Alejandro Katz (Katz Editores) y Diego Bianki (Pequeño Editor) que integraron algunos paneles.

Si bien se puede pensar que el principal objetivo de este tipo de eventos es aproximarse a nuevos proyectos, observar las novedades editoriales y tener un mayor conocimiento del terreno editorial, el espacio sirvió además para desarrollar algunos debates sobre la proyección de las editoriales independientes, las diferentes políticas públicas de apoyo a las ediciones, los problemas existentes en la distribución y la visualización en las librerías: las relaciones con el mercado y el Estado. Por otro lado, no se trató de ver cómo llamar la atención de las grandes editoriales de Iberoamérica para colocar las producciones índies. Se plantearon propuestas y experiencias de formas locales, y que en algunos casos articulan de manera ingeniosa con autores, librerías y distribuidores, insertándose en partes del mercado que los editoriales mayors no atienden. Incluso buscando construir nuevos públicos lectores que se interesen por las producciones que estos editores promueven: libros infantiles, ensayos, novela gráfica y cómic, literatura “híbrida”, novelas de autores desconocidos, non ficcion o libros dedicados al lenguaje popular como la lucha libre, la gráfica popular callejera o las formas -riquísimas, bellas y cotidianas- de los tacos en México.

En las mesas dedicadas a los proyectos editoriales nóveles tituladas “el editor es la estrella”, se generaron algunos contrapuntos entre estos y otros participantes del encuentro. Así, desde el público, Alejandro Katz discutió la idea de asociar el ser un buen editor con independencia, pequeñez del proyecto, ser asiduo lector y no tener acceso a créditos. La calidad no se da necesariamente en esa ecuación. Para el editor y ensayista argentino también hay importantes proyectos editoriales en las grandes empresas. Planteó ser menos autocelebratorios y complacientes con el propio oficio, salir del “lado heroico”. “Desromanticemos nuestro propio trabajo. Somos empresarios insertos en un mercado”, disparó. Nubia Macías -directora del Grupo Planeta de México- que también se encontraba entre el público, levantó el guante -y retomando las observaciones de Katz- sentenció, “en este tipo de eventos los editores independientes sólo lloran. Es un rosario de llanto permanente. Hay que salir a disputar el público, si no se diluye el glamour del libro.” Al contrario, algunos de los integrantes de proyectos nuevos plantearon que, al momento, su tarea editorial es un hobby con el que no ganan dinero -incluso al contrario pierden- y es una actividad de la que no viven aunque requiere mucho tiempo. También desde la mesa de noveles proyectos, la panelista Jessica Aliaga Lavrijsen (Jekyll & Jill, España) dijo que no era una queja permanente sino una celebración del esfuerzo de la tarea de editor lo que ella había planteado. Otro editor joven, Felipe González Espinosa (Laguna Libros, Colombia), planteó que no entendía al mercado como un enemigo. El evento fue un encuentro entre grandes editores, otros consolidados, otros en vías de consolidación y otros nuevos y noveles, los “recién llegados” al campo editorial. Talento Editorial, fue un momento para el contacto, el conocimiento, el diálogo, la polémica.

imageOtro eje que marcó el encuentro, fue el rol del editor, en particular de los editores independientes. La mayoría de los panelistas planteó que es un oficio de riesgo. Pero hubo divergencias en relación a si tiene que ser un trabajo de especialización -para algunos ahí está la oportunidad de crecer- o si por el contrario hay que contribuir con un lenguaje común para generar esfera pública, como afirmó Katz. En similar sintonía, algunos plantearon a la edición como un punto de vista político. “Cómo hacer públicas las ideas a los públicos. Cómo hacer que tenga sentido la función de ventana”, sugirió Pablo Rojas de la editorial oaxaqueña Sur+. Para agregar que las editoras son medios de comunicación “que hacen sentidos”. En esa visión, “el catálogo es el equilibrio entre lo político y lo estético”, marcado por la línea editorial que le da coherencia al trabajo, construida de manera colectiva, agregó Rojas. En convergencia con esas ideas, Valeria Bergalli de Minúscula editorial de Barcelona planteó, “empezamos a editar libros en voz baja. Realizando una ruptura respetuosa por entrar en las librerías y en los ámbitos donde las grandes editoriales no habían entrado. Buscando los resquicios sin una vocación de ser marginal. Buscando los lectores que podían ser los cómplices implícitos de nuestro proyecto editorial”. Para esto, la política del catálogo es fundamental. Planteó al “catálogo como un punto de vista. Una toma de posición respecto del mundo, de lo que somos, de la sociedad. Ahí es donde se juega un editor”. Esto es lo que identifica a la editorial, se construyen “catálogos perdurables y una constelación de libros, tratando hacer una política de autor”. Esto da una estrategia del “como si” fueran una gran editorial. Intentando apropiarse de ese término, pero dándole una vuelta de tuerca, “ya que una editorial no se define por su tamaño. Lo que identifica es su catálogo. Somos pequeños pero ambiciosos”, destacó y agregó que esta forma de priorizar el catálogo es opuesta a la especialización. En sus catálogos se pone enfasis en literatura híbrida o mixta, “autores singulares” y traducciones inéditas.

La profesionalización de los editores, de los libreros y del negocio del libro también recorrió las maratónicas e intensas sesiones del encuentro. La necesidad de fortalecer los vínculos entre los editores y los distribuidores, especialmente las librerías independientes, en un contexto global de pérdida de venta y lectura del formato libro, fue una temática de peso. Para pensar esto, se realizó una mesa específica donde se generaron muchas intervenciones y preguntas entre los panelistas y los asistentes.

La última mesa giró en torno a la tarea del editor en la “era digital”, donde los panelista Katz y Macías, dialogaron entre sí. Por su parte, Katz manifestó que nos explicamos narrativamente, sea en soportes impresos o digitales, no habría de este modo, cambios cognitivos significativos. Para el editor argentino no todos producimos contenidos aunque sea accesible publicar en internet y los medios digitales. La producción simbólica es un trabajo arduo y dedicado, ahí es el espacio de los editores, apuntó. “La comunicación para que cobre sentido debe dejar huella, el Twitter está destinado a lo efímero y a la desaparición. Hay una alegría infundada sobre las bondades de la tecnología. Tenemos que ser críticos. El problema es que el público abandone los temas importantes”. En respuesta, Nubia Macías argumentó que “la masificación tiene cosas buenísimas. Los chavitos ahora leen. Los alcances son buenos. La cultura no tiene que ser sólo de las elites, la tenemos que volver accesible a las mayorías”. En todo caso, se trataría de la cultura letrada y del libro, y no de la cultura en plural, conformada por prácticas, discursos y lenguajes que en todas partes se crea.

En este contexto, la labor del editor como intermediario entre los escritores y los públicos ¿puede ser prescindible? Según Katz “¿quién es el que no intermedia cuando no está el editor o el librero? ¿Amazon lo hace? ¿La tarjeta de crédito lo hace? No va a ocurrir lo de la desintermediación. Busca una solución donde no hay un problema. La desintermediación es una idea precaria”. Lo que es seguro es que se viene un escenario nuevo de reagrupamientos y para repensar el que hacer de editores y libreros.
En un panorama editorial marcado por la hiperespecialización, los segmentos de mercadeo y las fuerzas desbalanceadas entre pequeñas y grandes editoriales ¿que lugar querrán y podrán ocupar las editoras independientes de Iberoamérica? ¿Cuales serán sus armas para jugar el juego editar y comercializar libros de calidad, viabilidad y capacidad de influencia en el público? Las respuestas a estas preguntas apenas se empiezan a desandar.

imágenes: Ana colombina

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Matías David López

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