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Reseña: “Víctimas del Baile”  muestra de Falo papas (Augusto Turallas)

23 de noviembre – Galpón de Encomiendas y equipajes de La grieta (18 y 71 – La Plata)

 Disponible en Síntoma curadores

por: Matías David López

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¿Por un nuevo canon?

El “rock platense” tiene sus hitos y sus mitos. Alguien me contó alguna vez que estuvo cuando Luca Prodán tocó en la ciudad con Patricio Rey. Yo estuve entre el público en los

primeros recitales de El Mató a un policía motorizado, Norma y Sr. Tomate! allá por los años 2004 y 2005 -que para mí son zarpados hitos!-.

Pero, del lado de los mitos se construyen ciertas visiones historiográficas (temporales, casi lineales, casi episódicas) que dicen que la movida rock en la ciudad se gestó hacia fines de los 60’ con La Cofradía de la Flor Solar; que a inicios de los 80’ tomaron el relevo Los Redondos y Virus, alcanzando gran popularidad -“masividad”- y rotación en las radios cuando migraron a Buenos Aires; que en los 90’ el punto máximo se da con Peligrosos Gorriones -“elegida banda revelación del 93 por el Suplemento Joven de Clarín”-; y en los 2000 Mister América primero y luego el “indie” desarrollaron la Historia que llega hasta nuestros días. Hay músicos y también habladores y escribas -en el mejor de los sentidos- que abonan y sedimentan esta visión. Es la que generó cierto canon de cómo “se hizo”, devino y es el rock platense; planteó -y buscó legitimar- cuáles son los parámetros para entender la “cultura rock” (y, por ejemplo, comparó a la “escena” de La Plata con el Manchester del pospunk). A su vez, esta mirada empalma rock a juventud, cerrando el círculo: primero, el rock -la cultura rock- es la expresión más importante por sobre otras -las artes visuales, el graffiti, la literatura, el fútbol, el teatro y las artes escénicas-; y luego, en lo musical también -despojándose así de la cumbia, del folklore, del candombe, del rock stone y del metal-. Así la cultura rock es la cultura joven en la ciudad.

Todo encaja con cierta armonía -la de los hechos consumados y conocidos-, la del discurso que construye representaciones a adoptar. De aquí salen modelos y moldes, (in)posturas y recortes, se arma “la escena”, se ponen a prueba las “esencias”, se construye una identidad y se de-marca -los términos y actores de- una “época”.

Si La Cofradía -con influencias del situacionismo- cuestionaba la representación en favor de la expresión y la presentación (el acto como un fin en sí mismo, el medio como un fin o un objetivo). Ahora recurrimos y nos encarrilamos en las formas de representación. Momentos, estos, de elocuencia y “acuerdo”. Si Moura planteaba no querer ver la ciudad con una onda determinada, en la última década en La Plata -donde se dio amplia difusión a esta Historia de la cultura joven-, nos encerramos en una onda determinada y que determina. De esta manera, se acentuaron las ideas de “aldea”, de medidas justas e ideales de la ciudad, de “semillero de bandas” de “escena consolidada” -escena en donde muchos espectan, para tomar una palabra de Guy Debord- y de un recorte “epocal”. Hoy existe un convivencia y dependencia entre los que “hacen rock” y los que “escriben y hablan sobre rock”. Ahí parece haber una articulación.

Pero también hubo y hay intentos de generar otras miradas, un perspectiva si se quiere genealógica -que no rechaza la historia pero se resiste a las linealidades- que va a los saltos, construye de a trozos, con lo que tiene disponible, teniendo presentes las afinidades y también las diferencias; lo hecho y lo no cerrado y, quizá, que no se puede cerrar. Aquí la cultura rock, lo joven, la escena, las identidades son una promesa por cumplir y un problema a desentrañar y complejizar; son certezas y ambivalencias. Por lo tanto, no son prácticas, elementos y categorías a canonizar o disponibles para armar postales. En y sobre ellas habrá que preguntarse por lo que generan y reparten y por lo que no generan y excluyen; por su plasticidad y estéticas, y por su politicidad y éticas.

Ambas posturas aportan lecturas y sentidos. Contribuyen a los discursos sociales: periodísticos, académicos, musicales, de sentido común sobre la cultura joven. Pero ¿y el canon?, ¿lo necesitamos? ¿precisamos uno nuevo? Quizá sí, sólo a condición que no estabilice, no esencialice ni tranquilice lo que es movimiento -casi una de las invariables de lo canónico-. Y a su vez, plantee la politicidad -la inscripción y potencialidad crítica y transformadora- de toda práctica y producción cultural.

Tocar… pintar y escribir

Ahora, algo que dejamos entrever más arriba, sobre la relación entre el rock y otras expresiones que se dan en la ciudad. ¿Cómo se constituye la articulación entre la escena rock y otras escenas tanto musicales como de otras expresiones (las artes visuales, la literatura y la poesía, por dar dos ejemplos). ¿Hay articulaciones y confluencias o esas expresiones integran la escena rock -como en muchos eventos se sugiere, por ejemplo en “Ciudad Alterna”-? ¿La escena rock articula al resto? ¿Ese resto se siente dentro de esa cultura rock? ¿O son puestas sólo como ornamentos “entre banda y banda” o en un “escenario paralelo”?.

Podemos entender y plantear que la escena del rock local es la más conocida, la que tiene ilustres referentes en la ciudad y en el país. Pero la emergente (y cada vez más consolidada) escena de artes visuales -una amplitud que va desde lenguajes y formas como las pinturas y grabados, hasta instalaciones, “video-instalaciones” y fotografías; que comprende un circuito de galerías, espacios y curadores(1)-, así como la reciente emergencia de una nueva escena de la literatura y la poesía -expresada en emprendimientos editoriales, recurrentes presentaciones de libros y revistas, así como espacios y ciclos específicos destinados a estas artes de la palabra(2)- podría hablarnos de escenas con sus propias lógicas y estéticas, que no necesariamente tendríamos que integrarlas a la cultura rock, incluso entendiendo que ésta no es solo “hacer música”, sino que se constituye y afirma en sentidos, posturas, con palabras que no son canciones y afinidades.

La Plata no se acaba nunca

A fines del año pasado leí una crónica -en el diario De garage, el espacio de comunicación gráfica y virtual más interesante para seguir la escena de rock- que repasaba todo lo que había sucedido en el 2012 en relación a la escena cultural alternativa de la ciudad. Allí se afirmaba algo que me puede parecer lindo pero que no puedo aseverar… “La Plata aloja un mundo subalterno donde se reproduce el circuito independiente más potente del país”. Me parece que esa primer postura que mencioné antes y que canoniza la cultura rock de la ciudad, piensa en estas cosas y de este modo; en “lo más”. Además, esa nota cerraba con una afirmación que aquí lo planteamos como interrogante: “Una permanente fusión entre ramas artísticas que lo único que logra es postular a la época actual como trascendental.” La fusión, o como aquí nombramos, la articulación, los cruces, las convergencias entre expresiones artísticas y culturales en la ciudad parecen más incipientes que consolidadas. Planteando estos grises, estas tensiones, podemos celebrar “la fiesta” que es ese gran movimiento heterogéneo de la cultura alternativa -¿alternativa a qué?, ¿popular? ¿joven?- de la ciudad, integrada por centros culturales autogestionados y radios comunitarias, bandas de música, poetas y literatos, artistas plástico-visuales, interventores y pintores callejeros, galerías, galeristas y curadores, talleres de producción y pequeños espacios de cultura.(3) Como propuesta para seguir la conversa y reflexión, podemos plantear una hipótesis productiva: que no hay que cargar todas las expresiones culturales en el haber de la cultura rock.

Víctimas y sujetos

Esta reseña es sobre una trama -así lo intentó desde ese inicio analítico- y específicamente tiene que hablar sobre una muestra que oportunamente sirve para plantear algunas preguntas que se vienen ensayando. “Víctimas del baile”, muestra de tapas alternativas de discos de bandas de rock local que desarrolló Augusto Turallas, integrante del colectivo Falo Papas, se inserta en estas discusiones. Busca construir su propio recorte, haciendo una propuesta “epocal” al tomar las últimas dos décadas de bandas, de obras musicales y discográficas: desde el disco inicial de Víctimas del baile en 1993 hasta los recientes “Apostasía” de Crema del cielo y “Vol. I” de Güacho.

La muestra está integrada por doce grandes bastidores de 1,5 m x 1,5 m que emulan el formato de un CD a gran escala; quizá esa decisión se deba a que esa forma es con la que mayormente adquirimos música en esos veinte años que recorre la exposición (que pasamos y mezclamos el cassette, el compact disc y los formatos inmaterializados del mp3 descargable y copiable y las escuchas desde la “nube”).  Las obras de Turallas están realizadas en acrílicos y en su mayoría además están barnizadas. La idea de laquear remite a lo sintético y perdurable de las impresiones digitales, como por ejemplo, en las tapas y los libritos de álbumes de música. Pero hay dos cuadros-tapas que no tienen ese tratamiento de brillo y quedan con un look “satinado mate” con dos plenos rojo y azul de fondo. Además del gran formato, hay otra decisión curatorial: la no referencia documental de las tapas “originales” que esos discos; lo que invita a curiosear por bateas, pilas de discos o por la web en busca de ellas. Y otra decisión más, que la muestra se inicie en su propuesta de recorrido con un cuadro-tapa de una banda que tal vez no exista más allá de la muestra /o desconocida /o que pocos saben de su existencia /o que ni siquiera tenga un disco es provocadora; con lo cual ese cuadro funciona como iniciador de una propuesta visual de “arte de tapa” para una banda ¿nueva?. Se puede encontrar allí un vínculo entre la escucha (futura) y la visual (presente), entre lo audible y lo visible. Y abre la posibilidad también de algo por-venir.

La idea-eje de la muestra es pensar el rock también como un arte visual. Como dijo el propio artista en recientes entrevistas aparecidas por la inauguración de la muestra, “El rock es un ritmo perfectamente bailable, y todos los que disfrutamos del género somos víctimas de eso. Hay un ritmo muy del rock que cuando aparece te inventa la necesidad de movimiento. Ese ritmo es una educación, un asunto que empezó en el occidente de posguerra y se fue extendiendo de a poco y haciendo bailar, y transpirar, y emborracharse y coger y chocar el auto a varias generaciones. Y si querés me pongo paranoico y te digo que hay dos maneras de someter al hombre: hacerlo laburar hasta que se caiga muerto, o entretenerlo hasta que también se caiga muerto. Ahí es donde el baile nos transforma en sus víctimas. Y lo disfrutamos, claro.” Así, la idea de víctimas viene a jugar con lo que el rock hace con nosotros, la invitación casi irresistible de bailar, una invitación al choque, a la rotura. Pero no sólo lo que el rock como música bailable nos induce, sino lo que “el sistema” -espectacular y tecnocrático- produce, en tanto formas de dominio que aceptamos. Sin embargo, en esa posibilidad de baile, de disfrute y de goce se encuentra la potencialidad de cuestionar y reinventar esas formas de poder. Activar, performatizarse, hacer acto al verbo -y a la canción, y al disco y sus tapas- producirse sujeto para salir de la sujeción.

(1) Algo de esto se analiza en un trabajo que se editará a fin de año y que releva la actual escena de artes visuales en la que confluyen prácticas de producción artística, prácticas de gestión de espacios y prácticas curatoriales. López, Matías David. “Lugares de vida. Nueva escena de espacios culturales emergentes de exhibición en la ciudad de La Plata” en  Fernández, Mariano y López, Matías David. Lo público en el umbral. Los espacios y los tiempos, los territorios y los medios, La Plata, IICom-UNLP, 2013.

(2) Pensamos en las recientes apuestas de Club Hem Editorxs, Pixel editora, Librería y estantería Malisia, los eventos “Capricho”, “Triciclo” y “Ciclo Semilla”, y las andanzas de Festín Mutante, entre otros.

(3) Una buena entrada para la discusión sobre la “cultura joven” y las políticas culturales sobre ésta se encuentra en Síntoma Curadores y Daniel Badenes. “Reseña #04. Festival Arte Joven 2013”, agosto 2013. Link: http://issuu.com/sintoma/docs/resena_04

:: Links ::

Esteban Rodríguez. Por los caminos del rock, Mar del Plata, Ed. Azulpluma, 2009.

Patricio Cermele. Yo no me caía del cielo. Redondos: genealogía de una postura, Buenos Aires, Ed. Milena Caserola, 2013.

Matías David López. “La organización de la cultura. (Notas a propósito de la muestra ‘Todavía no llegó el cocinero – Ruta 5’), blog hartoandar, diciembre de 2012. Link: https://hartoandar.wordpress.com/2012/12/30/la-organizacion-de-la-cultura-notas-a-proposito-de-la-muestra-todavia-no-llego-el-cocinero-ruta-5

Síntoma Curadores “Reseñas”, 2013. Link: http://issuu.com/sintoma/docs

La Fábrica de manteca, FM provincia 97.1

clubhemParece actualmente una práctica cada vez más extendida. Quizás sólo “parece” y hace rato que viene siendo, mucha gente se pone a escribir y publicar literatura al menos en estos lados platenses: cuentos, poesías, poemas, aguafuertes, estrofas, relatos…

Es un trabajo arduo meterse con la escritura literaria, pero otro tanto es proponerse publicar, poner en circulación, construir un circuito de escritores, lectores y oyentes. Agitar –y más allá de la letra escrita-. Alguna vez leí, en alguna lectura académica que no recuerdo, que un texto es si se pone en circulación, y así se trasforma en discurso social. Creo que esa afirmación tiene mucho de verosímil.

Volviendo al agite, esta es la apuesta más interesante que lanzan Club Hem y Pixel. La primera –esperemos de muchas- agitaciones y conspiraciones es la antología “El último día del verano” (2012). En ese enrosque un elemento fundamental es el modo de gestar, no sólo un libro –un soporte material concreto con páginas, diagrama de palabras, alguna imagen, diseño que en esta publicación esta muy bien trabajado- sino una experiencia: que se va tramando en redes sociales virtuales, en afinidades y amistades, en juntadas, en eventos para encontrarse a leer y escuchar, en una publicación.

Los apostadores parecen entender que “hacer un libro” no es sólo escribirlo. Y ahí volvemos a eso de que un texto es sólo si se pone en circulación. Pero hay que agregar que también se tiene que pensar sobre cómo circulará un texto. En este caso un libro que no es sólo un libro, sino un evento, una lectura, un me gusta en Facebook, un comentario en esa red social, un poema colgado para ser visto y leído, un micrófono abierto para recitar, un trago de vino mientras se oye…

A esta altura el lector entenderá que esta no es sólo una reseña de un libro y de los escritos que lo integran, de la antología mencionada. En verdad, pretende ser eso y algo más: una reseña posible de una experiencia que viene siendo, que está abriendo caminos para la creación, el compartir y el disfrute.

El “contexto”, o mejor, los contornos y los procesos colectivos. Lo interesante de estos momentos que vivimos, donde proliferan los “códigos abiertos”, las ideas por compartir las creaciones y las críticas a los mediadores, es que los propios autores –o productores- se meten en la edición y publicación. Y ahí va la proposición de pretensión sociológica: la hegemonía y legitimación de los medios de producción cultural-discursiva tradicionales se va reconfigurando por la proliferación de nuevos medios y redes en donde se colabora, se crea y circulan producciones culturales sin mediadores, buscando visibilizar, decir y legitimar otras voces en el campo de la producción cultural. Así está ocurriendo en la música, en las artes visuales, en la comunicación y en la literatura. Así como en las propuestas que pretenden cruzar muchas de estas expresiones. Estamos habitando –y gestando- la era del “hazlo tu mismo” recargado, potenciado por la web y sus posibilidades, de la autogestión como acción y proyección. El propio Club Hem es un proyecto que combina conexión y encuentro. Entrar en la web, salir por la ciudad a visitar distintos centros y casas culturales. Habitar ambos espacios.

Quizás con esta publicación también se lanza una invitación a la lectura –si para nosotros los lectores esporádicos-, tal vez es oportuno superar el momento de la temporada de verano –de pileta, playa, montaña, ocio, trabajo, calor- en el que nos acercamos a la literatura para explorarla no sólo en los “días sin tiempo”, de suspensión que es el verano sino en toda nuestra vida cotidiana.

Por estas latitudes el verano se termina, como aquí este escrito, puesto a circular en su último día.

Matías David López

19-3-2013

Imágen: Leonel Arence

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La organización de la cultura

(Notas a propósito de la muestra “Todavía no llegó el cocinero” Ruta 5)


Matías David López
Diciembre 2012

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1. Cultura y producción cultural

La dimensión antropológica para entender la cultura es fundamental para construir pensamiento, para saltear los esencialismos y naturalismos. En sí, está todo bien con tomar / hacer andar un concepto antropológico para nombrar y describir la cultura (o las culturas en plural): ese concepto abierto, amplio, incluyente que dice que todo lo que hacen los seres humanos es cultura. Pero ésta idea ¿alcanza cuando pensamos en producciones culturales que operan en la realidad –del campo cultural- para y por algo?

En el campo cultural* lo diferencial de ciertas producciones en relación a algo general de la acción humana que podemos llamar “cultura” es que se opera, se interviene con una intencionalidad, que puede ser política, ideológica, proyectual, de posición o posicional… o una mezcla de todas ellas.  Esa intencionalidad marca una dirección, un camino, un “objetivo” a conseguir o buscar. En la producción cultural de Ruta 5 en esa mezcla, ese “rejunte” que propone Síntoma curadores como clave de lectura, quizás ese convite de cosas que allí se amasan ¿se puede marcar una intencionalidad? Y en todo caso ¿por parte de quién o quiénes? ¿Puede un lugar, un espacio ser sujeto? Creo que sólo si ponderamos las relaciones humanas que allí gestan y –siguiendo la lógica de argumentación anterior- sólo será sujeto si busca ser sujeto, si tiene esa intención. Puede sonar bueno: un lugar que es sujeto, muestra (objeto, producto, cosa) y expositor (o mejor, productor) al mismo tiempo. En todo caso –en el caso de Ruta 5– todo eso será sí hay relatos que lo organizan para que sea. Y esos relatos son los de Síntoma y su propuesta, los del curador y los tres relatores-escritores invitados. Pero ¿Ruta 5 en, con y como su propio relato qué dice? ¿Qué intencionalidad marca? ¿Qué busca como producción cultural?

No digo que la producción cultural tenga que pasar sólo por los espacios instituidos por el Estado o instituidos por las prácticas sociales de determinados actores que pueden ser considerados referentes en el campo de la cultura local. Por eso no entiendo que “la cultura” se encuentre sólo en el Pasaje Dardo Rocha, ni en el circuito Meridiano V, ni espacios culturales más under o independientes. Por suerte, las prácticas culturales son muchos más huidizas como para encerrar-se sólo en los espacios validados. Sin embargo, los espacios y las prácticas emergentes se tienen que validar para que se los reconozca como participes de un campo, buscando ocupar alguna posición. Dice Síntoma que “hay cultura”. Claro que sí, pero cuál es, qué producción cultural específica, propia se da en Ruta 5. Producción cultural entonces como producción intencionada, es decir movida por objetivos, por preguntas, por intenciones. Intencionada porque busca intervenir en lo real, en su construcción. En este sentido, la “muestra” de Síntoma tiene todos esos elementos. ¿Pero Ruta 5?.

Cierro la idea de intencionalidad, similar discusión se da en el campo educativo para marcar la diferencia entre educación y formación: la educación siempre es intencionada y a su vez juega un rol fundamental la participación de ciertos sujetos educativos que la organizan (en currículas, en tiempos, en saberes disciplinares y perspectivas teóricas, en formas didácticas de enseñar, en saberes pedagógicos, etc.). Entonces: al momento de reflexionar sobre la producción cultural hay que pensar en los sujetos que la organizan. 

Síntoma, los gestores-organizadores de la muestra, propone que Ruta 5 “es un punto de la ciudad cargado de producción cultural. Condensa símbolos que expresan una frontera porosa entre diferentes culturas, la tensa convivencia de distintas identidades, el cruce de prácticas contradictorias y el rejunte como modo de ser en la ciudad.” En este sentido, cuando pensamos los “puntos nodales” de la producción cultural en la ciudad, los “espacios culturales”, no habría que limitarse a entenderlos en tanto “frontera”, “tensa convivencia”, “rejunte” o como “cruce”, sino en pensar en qué organizan, cuáles son sus intencionalidades y búsquedas, sus proyectos: eso habilitará a pensarlos como espacios de producción cultural y no que coexistan “distintas identidades” o haya un “código de convivencia” común como dice el curador invitado. En La Plata espacios de cruces y tensiones hay muchos. Cuál sería la diferencia entre Ruta 5 –si lo pensamos como productor cultural-, la terminal de micros, la feria “improvisada” en la vereda de las facultades en calle 48 o el subsuelo del Banco Provincia de calle 7.** Puedo preveer que no es lo mismo sentarse a tomar una cerveza que hacer una fila para cobrar o chocarse con gente comprando alguna prenda, comida al paso o poster; que en la primera entraría una dimensión del ocio o del placer, pero ¿eso alcanza para encontrar su cualidad diferencial?. Alguna vez leí que los relatos construyen ciudades, adosaría además, los relatos también construyen espacios culturales.

 

2. El determinismo espacial

Es muy común escuchar sobre La Plata, “la ciudad nos encuentra”: quizás en este tipo de ciudades por sus dimensiones “ideales” para andar o -para algunos un poco positivistas- por su trazado urbanístico perfecto. Son ciertos clisés que van narrando la ciudad. Yo tercamente diría que no es “la ciudad” sino son sus relaciones y agregaría, relaciones que a veces te encuentran y otras te desencuentran. Hace algunas décadas, Henri Lefevre distinguió con mucha lucidez ciudad de lo urbano (o la cultura urbana). Básicamente la ciudad era el lugar de lo urbanístico, espacio concebido y reglado por el urbanista donde parecería que no se pensaba que la ciudad fuese habitada, es decir, apropiada por las personas. Esos que con sus pasos generarán otras formas no previstas de andarla ya que apropiarse y habitar no es lo mismo que circular. La cultura urbana es precisamente esas formas, relaciones y acciones no concebidas, y no concebidas muchas veces antes del mismo momento en que acontecen, entra así en el plano de lo practicado. Tomando esta distinción y la propuesta de Síntoma en relación a que “siempre hay lugares [en el espacio urbano] que condensan sentidos”, habrá que reflexionar entonces sobre la tensión por el lugar, la posible caída en un determinismo espacial es lo que hay que evitar al momento de pensar en las ciudades, sus calles, sus paredes, sus lugares como espacios de encuentro y sentidos.

 

3. Salir a hablar, escribir, leer, ver.DSC04503

¿Hace falta un señalamiento? Quizás sí, para desnaturalizar nuestro andar frenético por el centro de la ciudad, quizás sirva para generar un mojón, un parate para mirar de nuevo, mirar con otra mirada (y quizás mirar con ojos de productores-gestores culturales).   

Me surge otro interrogante: ¿quién habla? En la curaduría y las escrituras propuestas hay cuatro universitarios (que actualmente transitan la universidad o la han transitado)***. Desde la misma apuesta curatorial sabemos que el mundo Ruta 5 es tan heterogéneo cómo para poder aprehenderlo –entonces entendemos que las lecturas que un sociólogo y tres comunicadores no alcanzarán, pero ya es un zarpado intento-. Entonces, la producción cultural de Ruta 5 es múltiple, heterogénea, imposible de capturar pero en esta propuesta es hablada, es escrita por universitarios. Con esta propuesta se demuestra que Ruta 5 tiene –quizás sin necesitarlo o sin proponérselo- quiénes le escriba****. Síntoma curadores también. Además, se dio, en el propio momento de la muestra, algo más que interesante, se propuso y generó un encuentro para realizar un ejercicio de lectura: de un catálogo (con sus relatos y el proyecto) y de leer el espacio. Eso se logró. Y se logró también porque surgieron comentarios como algunos de los que pude recolectar: “esto es muy extraño”, “llegamos medio tarde, ¿nos perdimos de algo?”, “¿va a haber algún discurso? ¿va a hablar alguien?”, “¿ya arrancó la muestra?”, yo mismo me pregunté “¿irán a colgar algo?”. Entonces, la “muestra” quizás como una excusa para el encuentro, para leer, para mirar, escuchar y hablar, para tomar unas cervezas y comer unas papas fritas, para despedir el año, para que se junte gente que se ve seguido, algunos que no se ven casi nunca o para que otros se conozcan. Creo que son las más interesantes propuestas “de muestra” las que invitan no sólo a observar, sino también a poner atención en la escucha, el habla, el olfato, la lectura.  

 

4. Salir a encontrar.

¿Hay encuentro? Hay encuentro, los hay, los hubo, los habrá. Pero ¿cuál es la noción de encuentro que manejamos? ¿Encuentro como comunicación, como comunión, como estar juntos, como compartir un código? Si lo pensamos desde un lugar filosófico-político ¿realmente hay encuentro?. Si abrimos la idea de encuentro quizás tengamos que pensar que el “rejunte” de cosas diferentes es una de sus formas. En todo caso también el encuentro, incluso siendo fortuito, es siempre una apuesta por encontrarse. Habrá que seguir reflexionando sobre esto.

Por último, estas palabras de cierre son celebratorias de Síntoma Curadores. Sus apuestas buscan interrogar y cuestionar el estado de cosas en el “campo cultural” y en otros espacios más también. Buscan mover para y más arriba –ya es toda una importante intención- los techos que se suelen poner a ciertas prácticas y propuestas culturales en la ciudad. Lo que me gusta de Síntoma es que toma riesgos, sabe que puede hacer enojar, confundir, hacer que algunos no codifiquen sus propuestas, intuyendo que la provocación tiene sus límites. No le gusta “lo mismo de siempre” y no corre por el camino de buscar lo perdurable, esa quizás sea su virtud y su límite; en todo caso es el riesgo que toman las apuestas que en su producción cuestionan las propias relaciones –de poder, de producción cultural- en las que están insertos y en las cuales se ponen a producir: Síntoma está destinado (si logra sus cometidos) a desaparecer.

fotos: gentileza de Síntoma curadores

El catálogo puede ver y leerse aquí


*La intención de este pequeño texto no es celebrar y apabullar con la “teoría de los campos” propuesta por Bourdieu, para eso ya hay muchísimos bourdieanos insoportables. Sólo nos limitaremos a lo concreto que sirva para la argumentación.

** En ese subsuelo donde se arman tremendas colas de viudas, policías, chicas con bebes y trabajadores precarizados por el Estado que van a cambiar sus cheques por efectivo, más los trapitos y comerciantes que van a buscar o cambiar monedas y los propios empleados bancarios… y en esa caldera: risas, caras de culo, chusmerios, algunas discusiones, el surgimiento de líderes para ordenar la filas humanas.

***Ciertas coordenadas similares a quien escribe estas líneas. Ciertas coordenadas similares de los que asistimos a la invitación de Síntoma el jueves 27 de diciembre.

**** En algún pasaje Josefina Garzillo, una de las plumas del catálogo, enuncia: “por si te hicieran falta, a vos, estos textos nuestros”.

Las siguientes notas, que quizás compongan un texto, fueron escritas a inicios de febrero de 2012 para un número -que finalmente no salió- de una revista. Ahí se vuelcan algunas sospechas, entre ellas sobre cierta complementariedad entre el estado y el mercado a la hora de pensar las propuestas y políticas culturales en Argentina. También sobre “los intectuales”. No sé si sigo pensando las mismas cosas, pero tenía ganas de publicarlo. Además estamos en las vísperas del 7D, quizás un momento importante para el inicio de la desmonopolización mediática en el país. Ojalá. La democratización de los medios será otra cosa…

Agítese! (Notas sueltas)

Matías David López 

I. La vanguardia cultural (se) lee, (se) escribe y (se) piensa en la Ñ. Esto empalma con la tesis rodriguista -pensada en su momento para el campo periodístico y debatida recientemente[1]– en relación al periodismo consensual y la prensa empresarial como nueva vanguardia. Sin embargo, parte del campo cultural también ha encontrado espacios en las políticas culturales auspiciadas y gestadas por el Estado: desde 6,7,8 hasta el MICA –mercado de industrias culturales- pasando por el Canal Encuentro, distintos programas nacionales, concursos y becas, el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego y la nueva señal de TV que se viene: Nación y Cultura.

II. Creo que en estos tiempos más que polémicas -entre un posible sector (privado) y otro (público) dentro de campo cultural-, hay más bien complementos. Un ejemplo de esto es que la revista de cultura de Clarín se ha dedicado en el último tiempo a rescatar a diferentes revistas (es decir, a ciertos grupos de intelectuales) entre ellas a El ojo mocho, publicación dirigida en los 90’ por Horacio González. Hoy parece ser una apuesta fuerte rescatar producciones que en el pasado quizás eran leídas por los mismos de siempre, por un sector demasiado puntal y acotado (lo cual no quiere decir que no hayan sido influyentes). Pero no jodamos, quiénes (y cuántos) buscaban en el 91 a Babel, o en el 97 a El ojo… Quizás, quienes tenían en esas publicaciones un espacio para avivar debates interesantes (tanto para escribir como para leer), pero para hacerle preguntas a la realidad hoy tienen a la Ñ. Y la Ñ hoy gravita más que una revista sacada a pulmón…

III. Lo interesante de las Políticas Culturas Estatales actuales es que –sus gestores- han sabido articular la Cultura con la Educación (todo con mayúsculas). Es decir que “volver a educar a la ciudadanía” es la consiga que las ordena. Estonces, la Cultura relacionada con La Política, con la construcción de Cultura Política.[2]

IV. Vinculado con el punto anterior, hay que pensar las Políticas Culturales en un contexto de desigualdades generadas por una estructura social excluyente. Pero no sólo en el sentido de dificultades de “acceso” a las expresiones culturales (legitimadas), sino  también a espacio de producción y encuentro, donde poder articular expresiones particulares de las culturas populares.

V. Cierre. Mencione antes palabras como vanguardia, política, debate, cultura política. Pensar las políticas culturas implica retomar, continuar las discusiones sobre los/as intelectuales y todas esas palabras que se le meten a los costados. De un lado: rol de los/ perfil del/ posición de los/ función de los/ organización de los/ formación de los/ y, del otro, para nombrar sus características y desplazamientos: tradicional, independiente, orgánico, critico-comprometido, especifico. Cada uno podría hacer un cuadro de lo que piensa, incluso de dónde se pone dentro de él. Pero, teniendo presente que la posta son los tercos hechos, cómo los hacemos / pensamos / decimos / actuamos / construimos. Qué es lo que realmente se modifica –en las relaciones sociales cotidianas y estructurales- con las acciones políticas colectivas, entre ellas las que se constituyen desde la cultura. Lo demás no importa nada.

:: Accesos ::

http://www.revistaenie.clarin.com

http://www.cultura.gov.ar

 


[1] La polémica Fontevecchia-Rodríguez se puede seguir en estos links: “Locos con Magnetto” en http://www.perfil.com/ediciones/2011/10/edicion_614/contenidos/noticia_0002.html y “El problema no es sólo Magnetto” en: http://www.perfil.com/ediciones/2011/10/edicion_616/contenidos/noticia_0032.html

[2] Con el debate político pero también con la propaganda: siempre se remite al Proyecto Nacional originado en 2003, de ahí que salen barrabasadas como ciertos discursos simplistas que argumentan, por ejemplo, que la “ecuación pública y gratuita” en el país en fruto de éste proyecto!. Desconociendo luchas, apuestas, victorias y derrotas de los trabajadores docentes y estudiantes.

Suelto algunas ideas en caliente. Quizás estemos viendo un nuevo ciclo de experiencias en la organización del campo cultural en La Plata. Por ahora prefiero hablar de emergencia de algo –¿circuitos?- que da pie a una nueva escena cultural local, que quizás de paso a algo que en algún momento llámenos ciclo (quizás nos demos cuenta de él cuando cambie). Entre esas sospechas, una certera: algo se está moviendo que modifica el mapa de la cultura local.

Hay activaciones varias, creación de redes y nuevas apuestas en la circulación. Proliferan editoriales independientes, curadores, gestores culturales, eventos y espacios. Algunas de estas sospechas se vienen comentando y debatiendo en grupos, en reuniones, de a pocos… También las encontré conversando con varios y varias, entre ellos, con Daniel Badenes y algo de eso hay en uno de los últimos post de su blog titulado “Texto en busca de un curador”, que recomiendo.

Mi programa de indagaciones –si, voy a andar molestando a varios y varias ya que la idea no es filosofar- se concentrará en ciertos espacios que en La Plata activan y habilitan ámbitos de exhibición de producciones culturales. Entonces, hablaré de espacios, y puntualmente de espacios culturales. Se que los términos (y metáforas) espaciales tienen un problema: limitar las prácticas y acciones a un sitio. Veremos cómo me las arreglo.

Creo que estos espacios culturales -no sólo entendidos como espacios físicos para juntarse (y muchas veces amontonarse)- quizás sean el modo de organizar la intelegestsia cultural contemporánea en la ciudad y de engendrar sus propios (micro)climas. Hoy quizás sean estos espacios culturales de exhibición –como en otros momentos fueron las “revistas culturales” o los centros sociales y culturales autogestivos- los “lugares de vida”, de entreteje de relaciones y amistades -pero también de manifestación de exclusiones-, los que propician los encuentros y las apuestas, así como los lugares donde pueden seguirse las “batallas de ideas” y algunas disputas de posiciones. Además, son los espacios desde donde trazar el mapa de las sensibilidades (intelectuales, culturales, artísticas, etc.) de este momento.

Ahora a qué espacios me refiero. Tiro algunos, como toda lista es susceptible de incurrir en omisiones, pero es lo que se y anduve viendo y recorriendo… Librería y Galería Siberia, Galería Mal de Muchos, Casa cultural C’est la vie, Galería y Club Cösmiko, El Tallercito, El Hormiguero, Pisouno arte y diseño, Cocina de arte del Centro cultural En Eso Estamos, espacio de galería del centro cultural Alborada, las muestras de Síntoma curadores… 

Hablamos de espacios, ahora hablemos de sujetos. Creo, todavía sospecho, que lo que se está conformando es una “nueva élite cultural”. Uso el termino “élite” sin ningún sentido negativo ni peyorativo. Además, ese término parece más adecuado que otro como el de “vanguardia” que sería más complejo de sostener, ya que esta asociado a una “misión histórica”, a una estrategia de cambio y, digámoslo, a revolución, posiciones que en estas prácticas locales sería difícil encontrar. Pienso además una particularidad, que estos actores ocupan un rol subordinado y lateral en los aparatos institucionales de los que participan (la universidad, el estado local y provincial donde no toman las decisiones en relación a los políticas culturales). Entonces, élite cultural que se empodera fuera de las instituciones formales de las que es parte, desarrollándose así caminos paralelos antes que imbricados, ya que no encuentro decisiones sostenidas de “dar pelea” en las instituciones por modificar sus políticas. Aquí hay una posible apuesta política en un futuro próximo.

Ahora, use hasta aquí intencional y cuidadosamente el término “cultural” o “culturales” que es bastante amplio, para nombrar prácticas y espacios, huyendo de otro concepto: “arte” y sus derivados: prácticas artísticas, prácticas estéticas, espacios de arte, experiencia estética, obra de arte. Cuestión a seguir problematizado, incluso porque muchos de estos espacios toman al arte como un concepto que trabaja en sus repertorios de expresión y acción, es una idea en la que se reconocen. Pero por ahora prefiero continuar hablado de producción cultural en donde incluir prácticas artísticas y no-artísticas, comunicaciones, culturales, y con la que articular los modos de cirulación y presentación. Por ahora hasta acá.

Matías David López

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