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“Esa camioneta
lleva sangre que está inquieta”
Sr. Tomate!

imageSiempre un viaje implica retos. Puede ser un reto al hedonismo pequeñoburgués (o mejor clasemediero para que se entienda) para sentir, ver, ir y fotografiar todo! ya que lo que se está haciendo es una experiencia única e irrepetible. El hombre/mujer de clase media cree que algún día va a volver a los hermosos lugares donde estuvo, pero sabe que seguro no sea así (o al menos no sea en mucho tiempo). Por eso las vivencias tienen que ser alucinantes, únicas y deben ser registradas -la fotografía devenida postal es lo típico-. En parte, ese desafío lo estoy llevando adelante.

Pero hay otros retos seguro más interesantes. El desafío físico es uno de los que más me gustan. Siempre que tengo la posibilidad de viajar trato de hacer algunas de esas cosas que te cansan, actividades con las que terminás extenuado. Subida por piedras enormes en el Parque Tayrona -haciendo la ida opuesta a la que hace la mayoría que va por el sendero demarcado-, caminatas y bicicleteadas en el norte argentino, subida a un gran moro y tener como recompensa una hermosa praia en la costa del estado de Sao Paulo, ir montaña arriba hasta llegar a los refugios en El Bolsón -con el glaciar Hielo Azul y nieve incluida- son algunas de las últimas cansaderas que hice.
Este viaje tuvo hasta ahora dos de las grandes que van a la lista: subir a pie hasta la ciudadela del Machu Pichu y una visita en bici a la Reserva Natural de Paracas, a la parte de sus acantilados, miradores y playas (es curioso que todas las que mencioné implican montañas! o geográficas que se van para arriba y se expanden).

El primero fue para mi un poco sufrido al inicio del recorrido. No es por justificar, eh! pero por esos días estuve con las defensas medio bajas por lo que creo que me costó mucho más de lo que esperaba: se me cerraba el pecho y las piernas se me agotaban a los pocos metros de subida. En esa subida mis interlocutores me sacaron ventaja. Creo que quede como el que sólo se viste con ropa deportiva, pero a la hora de (de)mostrar… Ellos subían en jean y pantalón de corderoy! Vestidos como cuando van a laborar!! (Igual también se cansaron).
En ese trayecto de ida hablamos sobre que lo mejor es subir al Machu con tu propio esfuerzo. La tesis iba por ahí, onda hacerlo como lo hacían los incas creo que dijimos; en ese camino ya estábamos tejiendo esas ideas sobre la proximidad con estos pueblos (comentada e historizada por Dani en un muy buen post de su blog).
Esta bien! Teníamos, además de ponernos a prueba, que justificar nuestra no ida en bus como hacian la mayoría de gringos y europeos -es un bus que cuesta 19 dólares y te llega y te trae desde el centro de Aguas Calientes hasta el molinete de entrada de Machu Pichu-. Reforzábamos doblemente entonces nuestra condición de latinoamericanos!

El segundo, en Paracas era agarrar las bicis sin saber muy bien del todo que nos deparada la andada. Alberto del hostel donde paramos nos dio buenas recomendaciones. La idea implícita era, otra vez, hacer la recorrida por la nuestra, sin que te paseen en un tour de dos horas (ojo no estoy en contra de todos los tours!). Fue en buen viaje con subidas y rápidas bajadas. Los objetivos a visitar que fuimos organizado en la ida eran algunas de sus playas y acantilados: buenos miradores para contemplar la reserva natural.

imagePero esta es sólo una parte de lo que se puede hacer y conocer. Paracas es una Reserva nacional y natural creada en 1975 y tiene una extensión de más de 3300 km2. Conserva un ecosistema con mucha biodiversidad y una de las más importantes faunas marinas de América. Además es un pueblo que queda a 250 km del sur de Lima en la provincia de Pisco y región de Ica, que se dedica principalmente al turismo: agencias de viajes por la región -además de los atractivos de la reserva están cerca las famosas línea de Nasca y salen vuelos- hostales, hoteles, restaurantes y minimarket. Una mezcla de ecoturismo y balneario.

En Paracas, la reserva, ese desafío al cuerpo y la mente estuvo presente. Ese momento de sudar un poco, quemarse al sol, secarse la boca, salivar, sentir el viento chocando en la cara y sentir las lágrimas caer solas por los ojos al tomar mucha velocidad en bici. Hacer esfuerzo, cansarse transpirar y sentir que la sangre de todo el cuerpo está movilizada.
También sentirse un poco perdido. Perderse o confundirse como a la vuelta de la travesía, cuando ya se nos iba el sol entre esas dunas gigantes de arena y en la ruta una familia nos llevo en la cajuela de su camioneta hasta la entrada del pueblo. Alguna vez le escuche decir a un amigo que para encontrarse hay que perderse -y agregaría otra, que para dormir hay que cansarse primero-.

Link:
en la ida fui escuchando este disco, “Allá en la tierra”

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imageY si, vinimos a Perú y viajamos para el Machu Pichu. Desde los primeros encuentros que fuimos dando algunas coordenadas de este viaje el objetivo era llegar a la ciudadela inka. Fuimos modelando además la forma en la que íbamos a llegar. Descartado el clásico “camino del inka” por su costo, optamos por hacer la llamaba “ruta alternativa al machu pichu”. Un recorrido que ya miles y miles han realizado, muchos amigos y conocidos que dejan un saber para los nuevos, pero siempre tiene para el que lo recorra mucho de novedad.

El itinerario que hicimos fue el siguiente: bus de Cusco a Santa María -el viaje más largo de todos, más de seis horas-, de ahí taxi a Santa Teresa -un raid nocturno por el precipicio de las montañas- y de ahí minivan a la Hidroléctrica -otro viaje bien pegado a la caída del río-. Luego caminar durante hora y media por la senda que va trazando la vía del tren hasta llegar al poblado de Aguas Calientes. En total entre los diferentes transportes gastamos 30 soles en ir -algo así como 90 pesos argentinos-.

En esa ida paramos a dormir en Santa Teresa. Llegamos un sábado a la noche, había bastante movimiento en el pueblo. Algunos boliches abiertos se anunciaban con carteles eléctricos, unas luces led con figuras de copas o con sus nombres. La juventud santateriseña daba guerra. Pero había algo más que agitaba al pueblo, un acto político en la plaza central de la agrupación APU. Había bastante gente, muchas camionetas van rodeando la plaza y cubriendo la avenida principal. Había un escenario por el que pasaron y arengaron los candidatos y referentes políticos, luego pasaría una banda haciendo covers de cumbia para cerrar la noche. Se acercan las elecciones de alcalde municipal, consejeros y otros cargos distritales, provinciales y regionales. Por lo que observamos hay mucha fragmentación de partidos en esta región del Cusco (APU, FIA, Tierra y Libertad, PAN, Ayllu, PAPÁ, Mov. regional Tawantisuyo, entre otros más). Quizá devenga -anunciamos cual analistas políticos- en una dispersión de los votantes. En octubre se sabrá. Lo que si nos parecen demasiados candidatos para lugares tan pequeños. Hay varias consignas que nos llaman la atención: “Hasta la victoria, por más obras” y “obras son amores”. Las vimos en el pueblo y en los distintos viajes.

Estamos un poco cansados. Buscamos donde quedarnos. La mano viene complicada. “Está el miting -nos dice el que creemos encargado de un hospedaje- todo esta lleno, full”. Nos tiran un par en datos. La mayoría se caen. Los hospedajes del pueblo ya cerraron la cortina en la búsqueda de huéspedes. Buscamos uno que nos dijeron pero no lo vimos, lo pasamos de largo. Volvemos a preguntar donde queda. Llegamos. La seño nos quiere sacar la ficha, nos pregunta cosas, dice que tiene algo pero que a unos chicos no les alquiló, la tratamos de convencer. Le decimos que sólo queremos ir a comer y luego volvemos a dormir. Ella tiene el control de las puertas de calle que van a las habitaciones. La convencemos. Accede y nos alquila por una noche un cuarto con baño privado.

Salimos a buscar la cena. Hay varios restaurantes alertas. Venimos comiendo siempre afuera, nada hecho por nuestras propias manos. Puede parecer algo bacan pero le damos parejo a los “menú” de la región que son económicos (ojo, otra veces no). Por un precio que va entre los 15 a los 25 soles tenés entrada (sopa o palta), plato de fondo, una bebida y a veces postre. Elegimos menús y unas cervezas. En este también hay postre: plátano bañado con chocolate. Creo que esa es la combinación que me va a caen mal al otro día. Esa es otra historia.

A la mañana hacemos unas compras de víveres en el mercado, de ahí mismo salen las van a la Hidro. Tomamos una. En ella suben dos chicas y dos chicos españoles que ya nos habíamos cruzado en el viaje a Santa María. Creo que desde ese primer viaje habíamos comentando que no los queríamos volver a encontrar. Pero los y las vamos a cruzar muchas veces en Aguas Calientes y en el Machu Pichu. Hablando supimos que eran del País Vasco y que -al menos uno- conocía en persona al cantante de La Polla Récord. Tenían algo piola.
Finalmente llegamos a Aguas Calientes -luego del trayecto en van, luego de la caminata- pasado el mediodía. La caminata fue muy tranquila y pareja. No fuimos hablando mucho, sino más bien observando el espléndido paisaje: montañas, mucha vegetación, río, rocas, un puente oxidado, las vías. Los sonidos de todos esto. Era un momento para conocer y sentir.

Matías David López

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