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imageHago un nuevo salto en las crónicas, trastocando la temporalidad lineal en la narración del viaje, ahora quiero escribir sobre Lima. Llegamos el 31 de julio vía Chincha y El Carmen. Estuvimos ahí donde nos encontramos con Pablo. El Carmen es un tranquilo pueblo donde negros esclavos fueron llevados a trabajar en las haciendas de algodón. Actualmente la Hacienda San José tiene un hotel adentro y visita guiada a 20 soles. Nos perdimos el momento en el que el pueblo se moviliza con la llegada de las fechas vinculadas a la independencia del Perú (son cuatro días de feriados que cierran el 28 de julio). Pero cuando llegamos había vida cotidiana; la gente iba, como en estos lugares, a otro ritmo.

En Lima decidimos quedarnos en el barrio Pueblo Libre, es tranquilo y queda cerca del campus de la universidad católica, es bonito para caminarlo. Era mi segunda llegada a la ciudad y volvía a asombrarme con sus inmensas dimensiones. Buses y vanes a Miraflores, al centro histórico, etc. Las nuevas calles y coordenadas para escuchar los anuncios desde los buses y vanes serán “Abancay”, “todo Brasil”, “Ugarte”, “hospital”, “La marina”, que se le sumarán a las clásicas “pasaje, pasaje, amigo”, “pasaje señorita”, “baja, baja, baja”.

La primera noche planeamos salida nocturna. A Pablo le pasaron el dato de una peña. El conductor de la van que tomamos demostró grandísimas habilidades en el manejo: sorteo en poquísimos minutos un embotellamiento en el ovalo Bolognesi donde termina la Avenida Brasil. Hasta diría que fue el participe necesario para que esa maraña de autos y buses se desenrede. A los gritos, a los bocinazos y subiendosé arriba de la plaza, a las risadas. Un grosso! Luego de esa travesía, metropolitano -lo más occidentalizado del transporte público junto con el metro- que nos dejó cerca a la parranda “La Peña del carajo”. Pisco, tarjeta, animador-showman momento en el escenario para reírse de los extranjeros y finalmente pista de baile.

Algo más sobre las andanzas y errancias por Pueblo Libre las escribió -algo machucado- Dani en su perfil de Facebook: hurto en el hostel, denuncia, burocrateada en la comisaría, cartel que anuncia que “tiempo que se pierde, verdad que huye”, pantalla porno que salta a la vista de los polis, los denunciantes y el administrador del hostel, comentario alusivo de un política que se hizo cargo, trámites…image

Pero justo el lunes 4, cuando ya llevábamos un par de días en Lima y los circuitos que veíamos haciendo ya los iba asimilando como familiares, me encontré con Antonio. ¿Por qué Antonio? ¿Por qué provocar un cruce con él? Este viaje además de andar por el Cusco, además de ir a los museos de Lima, además de asistir al Congreso de Alaic, tenía como propósito conocer a ciertas prácticas que activan desde la producción cultural. Acciones y actores que se preguntan por el arte, por los espacios de la ciudad, por las periferias, por la acción colectiva. Antonio integra DMJC (dedos manchados en la jungla de cemento), una conocida crew de graffiteros de Lima que lleva más de 15 años interviniendo en la ciudad y además él es organizador del encuentro Alegrarte que busca llevar el graffiti a barrios vulnerables de Lima. Plantea que él no es el creador, sino que el Alegrarte “me encontró a mi, yo soy el vínculo para que se haya creado”.

Nos encontramos. Hablamos largo rato. Fuimos de acá para allá por toda la ciudad, por muchas las Limas. Casi nunca nos quedamos quietos. Hice preguntas, charlamos, conversamos, intercambiamos posturas, grabé gran parte de la charla. Pero no era una entrevista tradicional y estructurada. La etnografía no conoce de momentos y tiempos formales y pautados, pero si conoce de moverse por la ciudad y de compartir unas birras y otras cosas.

Hagarramos el auto y le dimos. Me llevó al barrio Pamplona Alta. Graffitero, gestor y articulador apasionado por lo que hace, lleno de inquietudes y preguntas. “¿Por qué no se puede hablar de arte acá?”, “¿Cómo no hacerlo?”, “¿Cómo hablarle de arte a la gente?”, “¿Cómo hacer un trabajo de comunicación acá?” se y me preguntaba Antonio mientras subíamos bien alto en Pamplona, cuando la claridad del sol se desvanecía y dejábamos el auto atrás. Es un cerro lleno de casas humildes -maderas, chapas, algunas de material, donde no llega al agua de red- y repleta de gente. Pamplona es un barrio de Lima que fue poblado, como muchísimos lados en América Latina, por luchas populares que ocuparon terrenos y se asentaron en las “periferias” de las grandes urbes. Allí se realizó la última edición de Alegrarte en diciembre de 2013. Su contacto se dio vía los comedores populares del barrio. Este el el lugar que Antonio eligió para intervenir y seguir. Para ello sus tópicos son “subir, hablar, convencer, tratar, experimentar”.

image“Es tranquilazo” me animó Antonio. Nos apuramos a sacar algunas fotos del barrio y otras mirando desde ahí a la inmensidad de luces que se abría. Hablamos con Rosalía, una seño que coordina uno de los comedores. Nos comentó que estaban arreglando las escaleras y que el Alcalde hace meses que no les da los alimentos. “Dice que no hay providor, dice que hay una empresa nomás, no hay más”, comentó. Nos contó que con lo que tienen se las están arreglando, siguen. Sobre las pintadas que se generaron en el barrio la seño dijo una frase contundente que nos quedó picando para el resto de nuestra charla: “da vida”.

Casi sin preguntarme Antonio me llevó hacia otra Lima. Estábamos en un lugar en donde cualquier limeño medio nos preguntaría por qué nos fuimos allí.

Links de Facebook:

Alegrarte 
DMJC 

“Esa camioneta
lleva sangre que está inquieta”
Sr. Tomate!

imageSiempre un viaje implica retos. Puede ser un reto al hedonismo pequeñoburgués (o mejor clasemediero para que se entienda) para sentir, ver, ir y fotografiar todo! ya que lo que se está haciendo es una experiencia única e irrepetible. El hombre/mujer de clase media cree que algún día va a volver a los hermosos lugares donde estuvo, pero sabe que seguro no sea así (o al menos no sea en mucho tiempo). Por eso las vivencias tienen que ser alucinantes, únicas y deben ser registradas -la fotografía devenida postal es lo típico-. En parte, ese desafío lo estoy llevando adelante.

Pero hay otros retos seguro más interesantes. El desafío físico es uno de los que más me gustan. Siempre que tengo la posibilidad de viajar trato de hacer algunas de esas cosas que te cansan, actividades con las que terminás extenuado. Subida por piedras enormes en el Parque Tayrona -haciendo la ida opuesta a la que hace la mayoría que va por el sendero demarcado-, caminatas y bicicleteadas en el norte argentino, subida a un gran moro y tener como recompensa una hermosa praia en la costa del estado de Sao Paulo, ir montaña arriba hasta llegar a los refugios en El Bolsón -con el glaciar Hielo Azul y nieve incluida- son algunas de las últimas cansaderas que hice.
Este viaje tuvo hasta ahora dos de las grandes que van a la lista: subir a pie hasta la ciudadela del Machu Pichu y una visita en bici a la Reserva Natural de Paracas, a la parte de sus acantilados, miradores y playas (es curioso que todas las que mencioné implican montañas! o geográficas que se van para arriba y se expanden).

El primero fue para mi un poco sufrido al inicio del recorrido. No es por justificar, eh! pero por esos días estuve con las defensas medio bajas por lo que creo que me costó mucho más de lo que esperaba: se me cerraba el pecho y las piernas se me agotaban a los pocos metros de subida. En esa subida mis interlocutores me sacaron ventaja. Creo que quede como el que sólo se viste con ropa deportiva, pero a la hora de (de)mostrar… Ellos subían en jean y pantalón de corderoy! Vestidos como cuando van a laborar!! (Igual también se cansaron).
En ese trayecto de ida hablamos sobre que lo mejor es subir al Machu con tu propio esfuerzo. La tesis iba por ahí, onda hacerlo como lo hacían los incas creo que dijimos; en ese camino ya estábamos tejiendo esas ideas sobre la proximidad con estos pueblos (comentada e historizada por Dani en un muy buen post de su blog).
Esta bien! Teníamos, además de ponernos a prueba, que justificar nuestra no ida en bus como hacian la mayoría de gringos y europeos -es un bus que cuesta 19 dólares y te llega y te trae desde el centro de Aguas Calientes hasta el molinete de entrada de Machu Pichu-. Reforzábamos doblemente entonces nuestra condición de latinoamericanos!

El segundo, en Paracas era agarrar las bicis sin saber muy bien del todo que nos deparada la andada. Alberto del hostel donde paramos nos dio buenas recomendaciones. La idea implícita era, otra vez, hacer la recorrida por la nuestra, sin que te paseen en un tour de dos horas (ojo no estoy en contra de todos los tours!). Fue en buen viaje con subidas y rápidas bajadas. Los objetivos a visitar que fuimos organizado en la ida eran algunas de sus playas y acantilados: buenos miradores para contemplar la reserva natural.

imagePero esta es sólo una parte de lo que se puede hacer y conocer. Paracas es una Reserva nacional y natural creada en 1975 y tiene una extensión de más de 3300 km2. Conserva un ecosistema con mucha biodiversidad y una de las más importantes faunas marinas de América. Además es un pueblo que queda a 250 km del sur de Lima en la provincia de Pisco y región de Ica, que se dedica principalmente al turismo: agencias de viajes por la región -además de los atractivos de la reserva están cerca las famosas línea de Nasca y salen vuelos- hostales, hoteles, restaurantes y minimarket. Una mezcla de ecoturismo y balneario.

En Paracas, la reserva, ese desafío al cuerpo y la mente estuvo presente. Ese momento de sudar un poco, quemarse al sol, secarse la boca, salivar, sentir el viento chocando en la cara y sentir las lágrimas caer solas por los ojos al tomar mucha velocidad en bici. Hacer esfuerzo, cansarse transpirar y sentir que la sangre de todo el cuerpo está movilizada.
También sentirse un poco perdido. Perderse o confundirse como a la vuelta de la travesía, cuando ya se nos iba el sol entre esas dunas gigantes de arena y en la ruta una familia nos llevo en la cajuela de su camioneta hasta la entrada del pueblo. Alguna vez le escuche decir a un amigo que para encontrarse hay que perderse -y agregaría otra, que para dormir hay que cansarse primero-.

Link:
en la ida fui escuchando este disco, “Allá en la tierra”

imageY si, vinimos a Perú y viajamos para el Machu Pichu. Desde los primeros encuentros que fuimos dando algunas coordenadas de este viaje el objetivo era llegar a la ciudadela inka. Fuimos modelando además la forma en la que íbamos a llegar. Descartado el clásico “camino del inka” por su costo, optamos por hacer la llamaba “ruta alternativa al machu pichu”. Un recorrido que ya miles y miles han realizado, muchos amigos y conocidos que dejan un saber para los nuevos, pero siempre tiene para el que lo recorra mucho de novedad.

El itinerario que hicimos fue el siguiente: bus de Cusco a Santa María -el viaje más largo de todos, más de seis horas-, de ahí taxi a Santa Teresa -un raid nocturno por el precipicio de las montañas- y de ahí minivan a la Hidroléctrica -otro viaje bien pegado a la caída del río-. Luego caminar durante hora y media por la senda que va trazando la vía del tren hasta llegar al poblado de Aguas Calientes. En total entre los diferentes transportes gastamos 30 soles en ir -algo así como 90 pesos argentinos-.

En esa ida paramos a dormir en Santa Teresa. Llegamos un sábado a la noche, había bastante movimiento en el pueblo. Algunos boliches abiertos se anunciaban con carteles eléctricos, unas luces led con figuras de copas o con sus nombres. La juventud santateriseña daba guerra. Pero había algo más que agitaba al pueblo, un acto político en la plaza central de la agrupación APU. Había bastante gente, muchas camionetas van rodeando la plaza y cubriendo la avenida principal. Había un escenario por el que pasaron y arengaron los candidatos y referentes políticos, luego pasaría una banda haciendo covers de cumbia para cerrar la noche. Se acercan las elecciones de alcalde municipal, consejeros y otros cargos distritales, provinciales y regionales. Por lo que observamos hay mucha fragmentación de partidos en esta región del Cusco (APU, FIA, Tierra y Libertad, PAN, Ayllu, PAPÁ, Mov. regional Tawantisuyo, entre otros más). Quizá devenga -anunciamos cual analistas políticos- en una dispersión de los votantes. En octubre se sabrá. Lo que si nos parecen demasiados candidatos para lugares tan pequeños. Hay varias consignas que nos llaman la atención: “Hasta la victoria, por más obras” y “obras son amores”. Las vimos en el pueblo y en los distintos viajes.

Estamos un poco cansados. Buscamos donde quedarnos. La mano viene complicada. “Está el miting -nos dice el que creemos encargado de un hospedaje- todo esta lleno, full”. Nos tiran un par en datos. La mayoría se caen. Los hospedajes del pueblo ya cerraron la cortina en la búsqueda de huéspedes. Buscamos uno que nos dijeron pero no lo vimos, lo pasamos de largo. Volvemos a preguntar donde queda. Llegamos. La seño nos quiere sacar la ficha, nos pregunta cosas, dice que tiene algo pero que a unos chicos no les alquiló, la tratamos de convencer. Le decimos que sólo queremos ir a comer y luego volvemos a dormir. Ella tiene el control de las puertas de calle que van a las habitaciones. La convencemos. Accede y nos alquila por una noche un cuarto con baño privado.

Salimos a buscar la cena. Hay varios restaurantes alertas. Venimos comiendo siempre afuera, nada hecho por nuestras propias manos. Puede parecer algo bacan pero le damos parejo a los “menú” de la región que son económicos (ojo, otra veces no). Por un precio que va entre los 15 a los 25 soles tenés entrada (sopa o palta), plato de fondo, una bebida y a veces postre. Elegimos menús y unas cervezas. En este también hay postre: plátano bañado con chocolate. Creo que esa es la combinación que me va a caen mal al otro día. Esa es otra historia.

A la mañana hacemos unas compras de víveres en el mercado, de ahí mismo salen las van a la Hidro. Tomamos una. En ella suben dos chicas y dos chicos españoles que ya nos habíamos cruzado en el viaje a Santa María. Creo que desde ese primer viaje habíamos comentando que no los queríamos volver a encontrar. Pero los y las vamos a cruzar muchas veces en Aguas Calientes y en el Machu Pichu. Hablando supimos que eran del País Vasco y que -al menos uno- conocía en persona al cantante de La Polla Récord. Tenían algo piola.
Finalmente llegamos a Aguas Calientes -luego del trayecto en van, luego de la caminata- pasado el mediodía. La caminata fue muy tranquila y pareja. No fuimos hablando mucho, sino más bien observando el espléndido paisaje: montañas, mucha vegetación, río, rocas, un puente oxidado, las vías. Los sonidos de todos esto. Era un momento para conocer y sentir.

imageAl segundo día de estar en Cusco llegaron mis interlocutores de este viaje: Chempes y Dani. Los encontré por la tarde recostados sobre un sillón-cama del patio del hostel, algo apunados o, como se dice por acá, con sorocho y tomando unos mates con hojas de coca. Venían de un viaje en avión desde Buenos Aires con escala en Lima, y antes desde La Plata a Ezeiza.
Ese sillón funciona como una especie de camilla de emergencias del hostel. Estuvimos un rato ahí charlando y aclimatándonos a la ciudad. Ellos retrataron ese momento de recién llegados con una foto que publicaron en Facebook. La compasión y la ternura se apoderó de los contactos en esa red social. La misma situación de huéspedes recostados en el sillón-cama/camilla de emergencia la vimos repetir varias veces. No sabemos si también se sacaron alguna foto para dar lástima.

Ese día, pero a la mañana, luego de desayunar en el hostel me preparaba para salir a rondar por la ciudad. Cusco es hermosa para caminarla. Una de las chicas de la recepción me dijo que a las 12 salía de la Plaza Regocijo el Free Walking Tour Cusco. Llegue a la plaza y uno de los guías me arenga al paso para ver sí voy a hacer el tour. Le da unos brazaletes verdes a unas chicas europeas que estaban al lado mío y a mi me deja pagando. Me acerco, el pibe cacha que no soy gringo ni europeo. Siento algo de rechazo de su parte. Le pregunto cuánto dura el tour. Me dice que tres horas. Y le agrega un comentario algo hiriente: “es un tour en inglés y es con propinas, con buenas propinas”. Le digo que me de uno de los brazaletes. El agrega un flyer explicativo. En el volante hay una mejor explicación, siempre en inglés, sobre el por qué de la modalidad de las propinas, sobre el por qué e la propuesta. Me siento y espero.

Sobre la fuente de la plaza se fueron juntando viajeros dispuestos al tour. Para mi quedo muy en evidencia que soy el único latinoamericano que será de la partida -luego Luis el otro guía que coordinó el paseo me diría al final que no se había dado cuenta que no era europeo-.
Después de más de veinte minutos de estar sentado, los guías empiezan a llamar a los paseantes. Luis será el guía asignado a este recorrido. Comienza a hablar todo en inglés. Le cacho bastante, hace un año y medio que estoy haciendo cursos básicos de inglés que brinda la UNLP para los docentes. Tengo que poner mis conocimientos a prueba. Ciertos desafíos me incomodan pero en algo me gustan.
El guía habla de que la propuesta es recorrer otros sitios diferentes a los más comunes para los turistas. Habla bastante de no seguir los caminos del turismo tradicional. Habrá en el viaje un poco de eso. De hecho luego de la primera parada culinaria en un lindo restaurant del centro histórico, fugamos para las alturas de la ciudad. En la recorrida no habrá iglesias ni plazas. Tampoco se trata de una inmersión por los barrios de las afueras de Cusco, nada que ver. Habrá si varios lugares clave para contemplar y mirar la ciudad. image

Creo que la propuesta se centra en un relato histórico-económico-antropológico sobre Cusco -en el que se ponen elementos y saberes para pensar la historia y la sociedad peruana: de Mariategui a Galeano, de un cuestionamiento de la conquista y la dominación española hasta la noción de Carl Jung sobre la memoria colectiva, pasando por el concepto lavado del sincretismo- con recorridos por lugares de la ciudad que luego se podrán volver a visitar -ese restaurant donde probamos alpaca, una feria chik con ropa, indumentaria y cosas para el hogar con demostración incluida sobre el proceso para llegar a la “pura baby alpaca”, un bar bien arriba de la cuesta san Blas donde probamos pisco sour que da pie para tomar buenos drinkis-.

Ecuación brutal y simplificadora: relato crítico + lugares de disfrute y compras. Una de las cosas más interesantes es que los europeos y yankis se tuvieron que morfar esa parla del guía. No son tarados y creo que muchos saben que es una interpelación a la propia historia colonizadora y al porque de la riqueza de sus países centrales. Luego de la ronda de piscos sour vino el momento de la propina, puse 20 soles. Pude ver que muchos de los otros paseantes, esos y esas de los países europeos también pusieron lo mismo.

Más sobre FWT en: www.fwtperu.com

 

 

 

imageEl viaje en bus de Lima a Cusco fue largo, más de veintidós horas con un atranco en el medio por arreglos en la carretera. Los cortes son pautados por la empresa constructora y la policía es la que se encarga de hacerlos. La parada de poco más de una hora estuvo buena. Al ser atrancos planeados, había muchos vendedores ambulantes alrededor de los micros, camiones, camionetas y autos que estaban la ruta. “Choclo con queso, Choclo con queso mamita”, anuncia una seño desde la puerta del bus y levanta así a unos cuantos que no se habían dado cuenta de que habíamos parado.

La espera sobre la ruta fue al lado de una vista impresionante: montañas de la codillera y río. Las personas de los diferentes buses, vans y autos bajamos al río. Algunos a mojar las patas, algunos poquitos hasta se dieron un chapuzón. Algunas parejitas se sacaban fotos. Una chica peruana poso sobre las rocas y su novio le hizo un book de fotos. Una platea improvisada de varios grupos de tipos, en su mayoría jóvenes peruanos, se pusieron a mirarla. Dejaron de hablar, reír y tirar piedras al río. Se detuvieron y sus ojos fueron sólo para la mina.

El bus que se presentaba con un asiento de “180 grados reales” cumplía esa promesa. Además hubo cena y desayuno. También wi fi y pantalla propia de pelis y música. MB. Lo único el frío. Pusieron a la noche y al mango el aire acondicionado. Daban una manta de polar. Fui prevenido, lleve arriba del micro la manta violeta que me había llevado del vuelo aéreo. Esas apropiaciones caseras sirven, a veces, para algo. En este caso para pelear el viento que venía de adentro de bus y evitar un resfrío.

Cuando llegue a la Terminal terrestre de Cusco -una de las tantas terminales de buses de la ciudad- me encontré con los chicos mexicanos que había conocido saliendo del aeropuerto de Lima. Ellos iban en otro bus que también se retrasó. Hablamos de los que íbamos a hacer, ellos tenían ganas de salir directo para el Machu Pichu, les dije que a esa hora me parecía medio tarde. Nos tomamos afuera de la terminal un taxi hasta la Plaza de Armas. En el viaje recién supimos nuestros nombres. “Y a todo esto, cómo te llamas”, me pregunto uno.image

Cuando bajamos fuimos una zona de Hostels en el centro histórico, yo tenía una reserva hecha para ese día. Ellos fueron a buscar otro lugar para quedarse en Cusco. Luego de un rato en el hostel Dragonfly, me fui a recorrer el centro histórico. Cusco es una urbanización de más de 3000 años, antiguamente la capital del imperio Inca -desde el 1200 A.C. hasta la llegada de los españoles-, luego una de las ciudad donde se acentó el virreinato del Perú y la dominación española, por entonces lugar de levantamientos indígenas y de matanzas de estos en la Plaza de Armas. Hoy además de una “ciudad patrimonio de la humanidad por la UNESCO”, es una capital turística internacional de hoteles de todas las estrellas y Hostels para mochileros, agencias turísticas y Free Walking Tour a la gorra, iglesias, ropa de alpaca -hecha de sintético, 50 y 50 y “puro alpaca”-, Mc Donalds y el popular mercado de San Pedro. En esa andanza por el centro histórico fui y vine mucho rato por esa bellísima cuesta de san Blas.

image6 am. A esa hora arribó el vuelvo al aeropuerto internacional Jorge Chávez. Horario peruano. Creo que dos horas menos que en Argentina. Fueron dos vuelos. Hubo una escala de varias horas en Córdoba -esas estadías breves en aeropuertos que muchos hacen para aprovechar ofertas de líneas aéreas, que Lima, que México DF, que algunas ciudades de EEUU… muchos realizan ese esfuerzo de dormir mal por buenos descuentos.

El aeropuerto -grande, bullicioso, movilizado- no queda en Lima, sino en una otra localidad llamada Callao, que según decía el comandante del avión, se encuentra a unos quince minutos de Lima.

Intenté comprar un pasaje de avión para llegar a Cusco y así seguir la racha aérea. Pero no cabe en el presupuesto de este viaje. 91 dólares es un buen precio, pero es sólo para locales. Para los extranjeros se va a 240 dólares solo ida a Cusco, sin contar el 35% para los argentinos si no se paga en efectivo. En mi caso no cerraba por ningún lado. Demasiado para quitar al poco efectivo. Demasiado para pagar con tarjeta de crédito “en una sola cuota” como me recordó la telefonista de MasterCard. Intente también un llamado telefónico, pero creo que con las monedas que tenía no alcanzaba para un llamado local. Intente conectarme a internet -no hay wi fi en el aeropuerto-, así que había que mover.

Fui por la difícil, la que no recomienda nadie o recomiendan con varias salvedades las guías turísticas… Salir del aeropuerto -no en taxi que costaba 50 soles, propuesta sin comparación con los 2 soles del bus- teniendo como destino la avenida Javier Prado Este, la zona de la ciudad en la que se encuentran las terminales privadas de buses de larga distancia. Cada empresa tiene la suya para comprar y embarcar, incluso algunas tienen varios locales en relación al servicio que brindan. En la salida del aeropuerto me puse a hablar con dos pibes, mexicanos ellos de Yucatán, recién llegados como yo, con mochilas como la mía. Íbamos en busca de buses para ir a Cusco. Íbamos para casi el mismo lado de la ciudad. ¿Códigos? ¿identidad? ¿Lógica global de ciertos estilos viajeros? ¿cuestiones en común?. Algo de eso intuíamos los tres. Nos quedamos hablando en la parada -de viajes, de los lugares para parar en Cusco, me dijeron que querían viajar hasta Salta, también mencionaron a Jujuy, me preguntaron algo de como se dividen los territorios en Argentina- pero vino una bandada de buses y vans y terminamos tomamos micros diferentes -por eso de las diferencias de terminales- así que no pudimos ni despedimos. Quizá, por eso de las cosas en común, nos volvamos a cruzar en Cusco.
En esto no escamotié, fui por el servicio que parecía el mejor -ya lo venía siguiendo por la web-, aunque regatié el precio. Había precios en oferta pero para compra por internet. En el local el precio era otro. Terminé pagando el mejor servicio de la empresa CIVA -servicio que lleva un nada ingenioso nombre de “excluciva”-: promocionado por su asiento de “realmente bus cama 180 grados”. Lo probaré a la tarde cuando se inicie el camino a Cusco. Mientras tanto en la terminal hay wi fi que provee la empresa pero están bloqueadas las redes sociales. Facebook y el iPad hacen fuerza y algo dejan entrar para que puede ver.

imagePero vuelvo a ese viaje en bus desde las afueras del aeropuerto. Con un anuncio a los gritos, pero siempre muy cordiales, una mujer coequiper del chofer dijo las palabras clave: “todo Javier prado”. Para asegurame más le pregunté si iba para las terminales. No termine de hacer algo así como una pregunta o comentario para demostrar que sabía a donde iba, que ella ya tenía la respuesta. Como en muchos de los sistemas de buses en América Latina aquí también la gente sube y luego alguien pasa a cobrar. Ni bien subí, sumiso a las formas de contratación de micros que tenemos en Argentina o al menos en las zonas portuarias, me disponía a pagar e hice una pregunta boluda, como esas que delatan a un recién llegado:

– “¿es con monedas o con tarjeta?”

– “Con moooneeedasss”, me dijo riéndose la mujer (eso de la tarjeta lo leí en algún blog de viajeros y además el bus era bastante nuevo, no era una van por ejemplo que también había por montones, con lo cual me lleve cierta impresión modernizante).

En todo caso, son formas que se acoplan perfectamente: máquina-artefacto moderno con estrategias caseras y populares de información y seducción orales (esos gritos anuncios), visuales (un cartel que la mujer temía en la mano y lo movía en cada esquina convocando a la posible clientela) y auditivas (el ruido del chasquido de las monedas para que la gente pague el boleto, el golpeteo de una moneda contra el techo del bus)…. Pero esas estrategias discursivas también se fundan en adjetivos para las personas… Seño, linda, mamita, joven, caballero, caballerito…

Recién arrancado mi recorrido, a las  8:15 clavado un gran, grandísimo, embotellamiento en la panamericana a la altura del predio de la PUCP. Seguro todos los días es igual. Refilones ente autos, vans, motocicletas, micros y caminos. Todos se mandan. Ningún choque. Más de una hora hasta llegar a destino. Tiempo en el que subió mucha gente y se improvisaron paradas en varias esquinas, en curvas, a mitad de cuadra…. esa mujer y sus formas tuvieron mucho que ver. Lo previsible y lo imprescindible se dan la mano.  La mujer del bus me vio atento, ya llegaba el momento de bajarme. Igual muy gentil me indicó: “es la próxima”.

El plan de hoy es mover para Cusco. Allá me encontraré con mis compañeros de viaje en unos días. Allá estarán las montañas y las ruinas. Las caminatas. Más viajes. Ya tendré un momento grande en días para recorrer y conocer Lima. Eso es más adelante. Esto fue sólo una pisquita. Ahora me voy a un puesto de comida que vi en una esquina, a unas cuadras de la terminal, voy a probar alguna delicia culinaria callejera.

Matías David López

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