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FDACMA (y Estética del primer peronismo)

Matías David López

 

Contrastes

Experiencia contrastante, de choque, la que se puede encontrar -o al menos es la que me pasó- por estos días en el Museo Provincial de Bellas Artes “Emilio Pettoruti”. Las políticas culturales estatales y emergentes tienen sus paradojas y quizá estas se potencian, en sus aciertos y desconciertos, cuando están juntas o son juntadas en el mismo espacio.

El miércoles 19 de marzo se daba puntapié en la sala principal a la “primera muestra” del Museo, según me comentó una de las trabajadoras del lugar. Unos días antes, el sábado 15 se montó en el “Microespacio”, una de las salas de exhibición del museo de calle 51, la fanzinoteca-videoarteca-muestra-carpeta “F.D.A.C.M.A. Seccional La Plata”, organizada por un colectivo que lleva el mismo nombre: Fundación para la Difusión del Arte Contemporáneo en el Mercosur y Alrededores.

Con ese título algo engorroso se presentan tres proyectos a) una interesante recopilación de fanzines impresos de Argentina y otros países de América Latina -que fueron enviados a partir de una convocatoria abierta-, que juegan entre la poesía escrita y visual, el diseño gráfico y el grabado; sumándole dispositivos de TV que reproducen algunos ensayos audiovisuales; b) una muy completa carpeta de investigación (titulada “Proyecto CADA”), en la que se expone en formato de entrevista transcrita, un panorama de los grupos y experiencias en artes visuales de La Plata y del resto de la provincia de Buenos Aires; por último, c) una muestra (que es parte del proyecto titulado “Colección permanente”) con obras de pequeño formato de veintisiete artistas del mercosur y tres artistas emergentes de la ciudad (Dani Lorenzo, Julia Dron y Florencia Cugat), que brinda un interesante panorama de las producciones y productores de la región.

Esta propuesta estará en el museo durante varias semanas de marzo y abril, en las que además se realizarán actividades presenciales como charlas, ciclos de poesía y maratones de videoarte. Otra interesante proliferación es que la fanzinoteca seguirá su recorrido en la ciudad, ya que luego de la muestra continuará ampliándose en el Galpón de Encomiendas y Equipajes de La Grieta. Actividades todas que seguro tendrán como dimensiones positivas el encuentro, el intercambio y la producción.

En mi propio desfasaje no asistí a la inauguración de la “muestra de la F.D.A.C.M.A.”, a la que según me contaron fue mucha gente. Sin embargo, como anuncié al comienzo de la reseña, había otra muestra que era “la primera” del 2014 en el museo -y que contó en el día de su inauguración con el Director del Instituto Cultural de la Provincia, Jorge Telerman- se trata de “Estética del primer peronismo (1946-1952)”, organizada conjuntamente entre la Dirección de Artes Visuales y el Archivo Histórico Provincial “Dr. Ricardo Levene”. Con ese título, quizá algo engañoso, se presentan quince óleos sobre tela de algunos destacados pintores argentinos: Benito Quinquela Martín, Carlos Ripamonte, Fortunato Lacámera, más importante que los nombres, varias obras son muy destacadas como “Tierra de labor” y “Caramelero de mi barrio”. Pero se trata de figuras y producciones que no podemos relacionar inmediatamente con la re-archi-conocida gráfica peronista, sino que se trata de un vínculo con el peronismo algo más sutil.

Debo aclarar que el primer día que fui a la muestra, el martes 18 de marzo, llegué sin saber que ésta se inauguraría al día siguiente y ni siquiera sabía de su existencia. Llegué cuando los trabajadores del museo estaban terminado de montarla y me dejaron entrar: se encontraban pegando el vinilo con el título, faltaba colgar dos cuadros de la muestra y el banner promocional en la fachada del museo. No había por eso mismo, catálogos y la información con la que disponía era el texto curatorial o de presentación de la muestra, pegado sobre una de las paredes. Indagando un poco más por la web, pude observar que se trata de obras que fueron adquiridas por el museo provincial durante esos años del “primer peronismo”. Por lo que, si bien las obras seleccionadas en aquel momento -y en la presente muestra- privilegian la estética realista por sobre otras estéticas -como anunciaba el texto- no se corresponden todas las obras temporalmente con el peronismo: así algunas están catalogadas en 1930, otras en 1940. El juego que propone la muestra es hablar sobre lo inaugural de las políticas de acceso a los bienes culturales propuestas por el peronismo -en el que se incluye no sólo la conformación de patrimonios artísticos, sino la propia construcción de museos, como el provincial de Bellas Artes- y a su vez marcar la orientación popular de dichas políticas, al privilegiar el “realismo” por sobre lo abstracto.

La necesidad de archivar

Seguro sin proponérselo, ni la directora del museo, ni los curadores y organizadores, ambas muestras, o mejor la “primer muestra del año del museo” y la propuesta de varias dimensiones de la fanzinoteca-videoarteca-carpeta-muestra, buscaban hablar sobre la necesidad de los archivos, del patrimonio cultural y artístico de un/unos momento/s. En las políticas del “primer peronismo” podemos imaginar y argumentar cuáles serían esas necesidades: una apuesta por refundar el Estado-Nación, de volverlo un actor fundamental no sólo en el desarrollo económico del país, sino en la articulación del lazo social nacional. Pero en las experiencias contemporáneas locales de la producción y gestión del arte, un poco más cerca de la vida cotidiana,  de la producción a pequeña y mediana escala de obras y muestras y, sobre todo, mucho más alejadas de las decisiones estatales-institucionales ¿cuáles otras necesidades hay para generar patrimonio, para (ponerse a) archivar? DSC_0024[1]

Nico Cuello, plantea con mucho acierto en el texto de presentación de la muestra (en la versión extendida que se encuentra en la web): “La irrupción en la década de los ’60 de la crítica institucional en el campo artístico significó la aparición de un conjunto complejo, y poco homogéneo, de prácticas dirigidas contra las instituciones del arte, los condicionamientos del ‘cubo blanco’, la funcionalidad de la producción cultural a los discursos dominantes, y su reproducción de matrices de pensamiento y representación multiplicadoras de la desigualdad social.” Esas crítica certeras y directas en los 60’ cómo se conectan en el hoy con la producción y las apuestas actuales. ¿Hoy en qué apostamos? ¿Qué criticamos de la “institución-arte”? ¿Qué no criticamos?

 

La necesidad de preguntar

Pero, hagamos de inmediato otras preguntas incómodas: ¿qué es un archivo?, ¿para qué constituirlos?, ¿para qué hacer muestras de archivos?, por qué habitamos un momento donde proliferan en el campo artístico “los archivos”, como temática, como investigación historiográfica del arte y como propios dispositivos de exploración artística. Recopilar, clasificar, seleccionar son dinámicas comunes en la vida cotidiana y también en las prácticas ligadas al arte.

Podemos considerar que un archivo sirve y significa en tanto las preguntas que se le hagan a ese archivo. Si no se lo interroga pasa a ser un montón de papeles, de cajas, de carpetas o folios que juntan polvo en estantes o malwares en la compu. Un archivo es en tanto las preguntas que se le hacen. Y esas preguntas serían, en este caso, sobre sobre la producción (de microespacios) de cultura, en sus formas, sus elementos, sus regímenes estéticos, sus apuestas individuales y colectivas: el fanzine -un registro que esta en el borde de lo artesanal y lo artístico- y el “video-arte”, bastante más legitimado en el mundo del arte como parte de los “nuevos lenguajes” desde los años 60.

Quiero apuntar una cuestión más, que va en la dimensión comunicacional de los proyectos. Para quiénes hablamos con las muestras que hacemos, con quiénes dialogamos -remarco el nosotros, porque me incluyo-, cómo las comunicamos, ya que un punto fundamental de la producción cultural es generar conversaciones. ¿Puede ser convocante para la comunidad platense o bonaerense una muestra titulada “FDACMA Seccional La Plata”? ¿Una muestra de arte emergente con sus colores y siglas puede convocar por estar en un espacio institucional de arte?. En todo caso, hay ahí una oportunidad para amplificar los públicos, queda por ver cómo se la aprovecha ¿O sólo se busca que asistan personas del “mundo del arte” que no van a los espacios alternativos a ver artistas emergentes? ¿Una muestra como ésta ”toma” al espacio institucional para generar “una nueva institucionalidad”, como lo explicita en su presentación? La crítica institucional se completa y potencia cuando desde adentro y desde afuera de la institución se la pone en cuestión para modificarla. Y así volvemos a la pregunta por el archivo que se puede ampliar a las muestras y a los museos, quiénes pueden entrar para hacerlos, diseñarlos, construirlos y quiénes quedan afuera de ese reparto.

Notas: 

1.  Para un acercamiento a esta experiencia: http://www.fdacma.com.ar

2. Como retoma la agencia de noticias Telam de un comunicado de Instituto Cultural en 1947, se puso en marcha el Plan de Difusión y Divulgación Cultural elaborado por la Dirección de Cultura de la Provincia de Buenos Aires, de la que dependía el museo. De esta manera, el patrimonio se acrecentó y los estudios arrojan la incorporación de 347 piezas”. Disponible en: http://www.telam.com.ar/notas/201403/53870-exponen-obras-del-primer-gobierno-peronista-en-la-plata.html

3. Simon Reynolds, con una critica acida, tribunera y sin mirar a lo que él mismo hace como analista cultural, plantea en Retromanía: “las mismas personas que uno esperaría que produzcan (en tanto artistas) o defienda (en tanto consumidores) lo no convencional y lo innovador: ese es justamente el grupo más adicto al pasado. En términos demográficos, es exactamente la misma clase social de avanzada, pero en vez de ser pioneros e innovadores han cambiado de rol y ahora son curadores y archivistas. La vanguardia devino retaguardia”. Lo que habría que agregar es que en las condiciones actuales no se plantean sólo archivos del pasado, sino del propio presente y ahí radica una novedad en las prácticas artísticas, curatoriales e investigativas.

4. Video y texto disponible en: www.youtube.com/watch?v=rPTBZEBpDKU

5. En la trigésima Bienal de Sao Paulo (2012) se presentaron interesantísimos proyectos como el de Hans Eijkelboom con series de retratos fotográficos de las maneras de vestirse de las personas en diferentes ciudades; el registro-archivo de la performance extrema/rutina diaria de Tehching Hsieg; el “index” de autores y palabras propuesta por Alejandro Cesarco y una instalación de cuadros tapados cuya única forma de conocerlos era recorrer el catálogo-archivo digital en una Mac, propuesta tautológica con el propio hacer de los archivos de obras de arte, realizado por Rossell Benet.

6. Gracias Ana Colombina!, dialogar con ella fue fundamental para esta idea. Ella es una chica que, entre otras cosas, indaga archivos administrativos -de correspondencia y expedientes- en el Museo de Ciencias Naturales de La Plata para pensar ahí las prácticas antropológicas.

7. ¿No hay una un excesivo uso de la sigla como referencia?

Reseña: “Víctimas del Baile”  muestra de Falo papas (Augusto Turallas)

23 de noviembre – Galpón de Encomiendas y equipajes de La grieta (18 y 71 – La Plata)

 Disponible en Síntoma curadores

por: Matías David López

falo

¿Por un nuevo canon?

El “rock platense” tiene sus hitos y sus mitos. Alguien me contó alguna vez que estuvo cuando Luca Prodán tocó en la ciudad con Patricio Rey. Yo estuve entre el público en los

primeros recitales de El Mató a un policía motorizado, Norma y Sr. Tomate! allá por los años 2004 y 2005 -que para mí son zarpados hitos!-.

Pero, del lado de los mitos se construyen ciertas visiones historiográficas (temporales, casi lineales, casi episódicas) que dicen que la movida rock en la ciudad se gestó hacia fines de los 60’ con La Cofradía de la Flor Solar; que a inicios de los 80’ tomaron el relevo Los Redondos y Virus, alcanzando gran popularidad -“masividad”- y rotación en las radios cuando migraron a Buenos Aires; que en los 90’ el punto máximo se da con Peligrosos Gorriones -“elegida banda revelación del 93 por el Suplemento Joven de Clarín”-; y en los 2000 Mister América primero y luego el “indie” desarrollaron la Historia que llega hasta nuestros días. Hay músicos y también habladores y escribas -en el mejor de los sentidos- que abonan y sedimentan esta visión. Es la que generó cierto canon de cómo “se hizo”, devino y es el rock platense; planteó -y buscó legitimar- cuáles son los parámetros para entender la “cultura rock” (y, por ejemplo, comparó a la “escena” de La Plata con el Manchester del pospunk). A su vez, esta mirada empalma rock a juventud, cerrando el círculo: primero, el rock -la cultura rock- es la expresión más importante por sobre otras -las artes visuales, el graffiti, la literatura, el fútbol, el teatro y las artes escénicas-; y luego, en lo musical también -despojándose así de la cumbia, del folklore, del candombe, del rock stone y del metal-. Así la cultura rock es la cultura joven en la ciudad.

Todo encaja con cierta armonía -la de los hechos consumados y conocidos-, la del discurso que construye representaciones a adoptar. De aquí salen modelos y moldes, (in)posturas y recortes, se arma “la escena”, se ponen a prueba las “esencias”, se construye una identidad y se de-marca -los términos y actores de- una “época”.

Si La Cofradía -con influencias del situacionismo- cuestionaba la representación en favor de la expresión y la presentación (el acto como un fin en sí mismo, el medio como un fin o un objetivo). Ahora recurrimos y nos encarrilamos en las formas de representación. Momentos, estos, de elocuencia y “acuerdo”. Si Moura planteaba no querer ver la ciudad con una onda determinada, en la última década en La Plata -donde se dio amplia difusión a esta Historia de la cultura joven-, nos encerramos en una onda determinada y que determina. De esta manera, se acentuaron las ideas de “aldea”, de medidas justas e ideales de la ciudad, de “semillero de bandas” de “escena consolidada” -escena en donde muchos espectan, para tomar una palabra de Guy Debord- y de un recorte “epocal”. Hoy existe un convivencia y dependencia entre los que “hacen rock” y los que “escriben y hablan sobre rock”. Ahí parece haber una articulación.

Pero también hubo y hay intentos de generar otras miradas, un perspectiva si se quiere genealógica -que no rechaza la historia pero se resiste a las linealidades- que va a los saltos, construye de a trozos, con lo que tiene disponible, teniendo presentes las afinidades y también las diferencias; lo hecho y lo no cerrado y, quizá, que no se puede cerrar. Aquí la cultura rock, lo joven, la escena, las identidades son una promesa por cumplir y un problema a desentrañar y complejizar; son certezas y ambivalencias. Por lo tanto, no son prácticas, elementos y categorías a canonizar o disponibles para armar postales. En y sobre ellas habrá que preguntarse por lo que generan y reparten y por lo que no generan y excluyen; por su plasticidad y estéticas, y por su politicidad y éticas.

Ambas posturas aportan lecturas y sentidos. Contribuyen a los discursos sociales: periodísticos, académicos, musicales, de sentido común sobre la cultura joven. Pero ¿y el canon?, ¿lo necesitamos? ¿precisamos uno nuevo? Quizá sí, sólo a condición que no estabilice, no esencialice ni tranquilice lo que es movimiento -casi una de las invariables de lo canónico-. Y a su vez, plantee la politicidad -la inscripción y potencialidad crítica y transformadora- de toda práctica y producción cultural.

Tocar… pintar y escribir

Ahora, algo que dejamos entrever más arriba, sobre la relación entre el rock y otras expresiones que se dan en la ciudad. ¿Cómo se constituye la articulación entre la escena rock y otras escenas tanto musicales como de otras expresiones (las artes visuales, la literatura y la poesía, por dar dos ejemplos). ¿Hay articulaciones y confluencias o esas expresiones integran la escena rock -como en muchos eventos se sugiere, por ejemplo en “Ciudad Alterna”-? ¿La escena rock articula al resto? ¿Ese resto se siente dentro de esa cultura rock? ¿O son puestas sólo como ornamentos “entre banda y banda” o en un “escenario paralelo”?.

Podemos entender y plantear que la escena del rock local es la más conocida, la que tiene ilustres referentes en la ciudad y en el país. Pero la emergente (y cada vez más consolidada) escena de artes visuales -una amplitud que va desde lenguajes y formas como las pinturas y grabados, hasta instalaciones, “video-instalaciones” y fotografías; que comprende un circuito de galerías, espacios y curadores(1)-, así como la reciente emergencia de una nueva escena de la literatura y la poesía -expresada en emprendimientos editoriales, recurrentes presentaciones de libros y revistas, así como espacios y ciclos específicos destinados a estas artes de la palabra(2)- podría hablarnos de escenas con sus propias lógicas y estéticas, que no necesariamente tendríamos que integrarlas a la cultura rock, incluso entendiendo que ésta no es solo “hacer música”, sino que se constituye y afirma en sentidos, posturas, con palabras que no son canciones y afinidades.

La Plata no se acaba nunca

A fines del año pasado leí una crónica -en el diario De garage, el espacio de comunicación gráfica y virtual más interesante para seguir la escena de rock- que repasaba todo lo que había sucedido en el 2012 en relación a la escena cultural alternativa de la ciudad. Allí se afirmaba algo que me puede parecer lindo pero que no puedo aseverar… “La Plata aloja un mundo subalterno donde se reproduce el circuito independiente más potente del país”. Me parece que esa primer postura que mencioné antes y que canoniza la cultura rock de la ciudad, piensa en estas cosas y de este modo; en “lo más”. Además, esa nota cerraba con una afirmación que aquí lo planteamos como interrogante: “Una permanente fusión entre ramas artísticas que lo único que logra es postular a la época actual como trascendental.” La fusión, o como aquí nombramos, la articulación, los cruces, las convergencias entre expresiones artísticas y culturales en la ciudad parecen más incipientes que consolidadas. Planteando estos grises, estas tensiones, podemos celebrar “la fiesta” que es ese gran movimiento heterogéneo de la cultura alternativa -¿alternativa a qué?, ¿popular? ¿joven?- de la ciudad, integrada por centros culturales autogestionados y radios comunitarias, bandas de música, poetas y literatos, artistas plástico-visuales, interventores y pintores callejeros, galerías, galeristas y curadores, talleres de producción y pequeños espacios de cultura.(3) Como propuesta para seguir la conversa y reflexión, podemos plantear una hipótesis productiva: que no hay que cargar todas las expresiones culturales en el haber de la cultura rock.

Víctimas y sujetos

Esta reseña es sobre una trama -así lo intentó desde ese inicio analítico- y específicamente tiene que hablar sobre una muestra que oportunamente sirve para plantear algunas preguntas que se vienen ensayando. “Víctimas del baile”, muestra de tapas alternativas de discos de bandas de rock local que desarrolló Augusto Turallas, integrante del colectivo Falo Papas, se inserta en estas discusiones. Busca construir su propio recorte, haciendo una propuesta “epocal” al tomar las últimas dos décadas de bandas, de obras musicales y discográficas: desde el disco inicial de Víctimas del baile en 1993 hasta los recientes “Apostasía” de Crema del cielo y “Vol. I” de Güacho.

La muestra está integrada por doce grandes bastidores de 1,5 m x 1,5 m que emulan el formato de un CD a gran escala; quizá esa decisión se deba a que esa forma es con la que mayormente adquirimos música en esos veinte años que recorre la exposición (que pasamos y mezclamos el cassette, el compact disc y los formatos inmaterializados del mp3 descargable y copiable y las escuchas desde la “nube”).  Las obras de Turallas están realizadas en acrílicos y en su mayoría además están barnizadas. La idea de laquear remite a lo sintético y perdurable de las impresiones digitales, como por ejemplo, en las tapas y los libritos de álbumes de música. Pero hay dos cuadros-tapas que no tienen ese tratamiento de brillo y quedan con un look “satinado mate” con dos plenos rojo y azul de fondo. Además del gran formato, hay otra decisión curatorial: la no referencia documental de las tapas “originales” que esos discos; lo que invita a curiosear por bateas, pilas de discos o por la web en busca de ellas. Y otra decisión más, que la muestra se inicie en su propuesta de recorrido con un cuadro-tapa de una banda que tal vez no exista más allá de la muestra /o desconocida /o que pocos saben de su existencia /o que ni siquiera tenga un disco es provocadora; con lo cual ese cuadro funciona como iniciador de una propuesta visual de “arte de tapa” para una banda ¿nueva?. Se puede encontrar allí un vínculo entre la escucha (futura) y la visual (presente), entre lo audible y lo visible. Y abre la posibilidad también de algo por-venir.

La idea-eje de la muestra es pensar el rock también como un arte visual. Como dijo el propio artista en recientes entrevistas aparecidas por la inauguración de la muestra, “El rock es un ritmo perfectamente bailable, y todos los que disfrutamos del género somos víctimas de eso. Hay un ritmo muy del rock que cuando aparece te inventa la necesidad de movimiento. Ese ritmo es una educación, un asunto que empezó en el occidente de posguerra y se fue extendiendo de a poco y haciendo bailar, y transpirar, y emborracharse y coger y chocar el auto a varias generaciones. Y si querés me pongo paranoico y te digo que hay dos maneras de someter al hombre: hacerlo laburar hasta que se caiga muerto, o entretenerlo hasta que también se caiga muerto. Ahí es donde el baile nos transforma en sus víctimas. Y lo disfrutamos, claro.” Así, la idea de víctimas viene a jugar con lo que el rock hace con nosotros, la invitación casi irresistible de bailar, una invitación al choque, a la rotura. Pero no sólo lo que el rock como música bailable nos induce, sino lo que “el sistema” -espectacular y tecnocrático- produce, en tanto formas de dominio que aceptamos. Sin embargo, en esa posibilidad de baile, de disfrute y de goce se encuentra la potencialidad de cuestionar y reinventar esas formas de poder. Activar, performatizarse, hacer acto al verbo -y a la canción, y al disco y sus tapas- producirse sujeto para salir de la sujeción.

(1) Algo de esto se analiza en un trabajo que se editará a fin de año y que releva la actual escena de artes visuales en la que confluyen prácticas de producción artística, prácticas de gestión de espacios y prácticas curatoriales. López, Matías David. “Lugares de vida. Nueva escena de espacios culturales emergentes de exhibición en la ciudad de La Plata” en  Fernández, Mariano y López, Matías David. Lo público en el umbral. Los espacios y los tiempos, los territorios y los medios, La Plata, IICom-UNLP, 2013.

(2) Pensamos en las recientes apuestas de Club Hem Editorxs, Pixel editora, Librería y estantería Malisia, los eventos “Capricho”, “Triciclo” y “Ciclo Semilla”, y las andanzas de Festín Mutante, entre otros.

(3) Una buena entrada para la discusión sobre la “cultura joven” y las políticas culturales sobre ésta se encuentra en Síntoma Curadores y Daniel Badenes. “Reseña #04. Festival Arte Joven 2013”, agosto 2013. Link: http://issuu.com/sintoma/docs/resena_04

:: Links ::

Esteban Rodríguez. Por los caminos del rock, Mar del Plata, Ed. Azulpluma, 2009.

Patricio Cermele. Yo no me caía del cielo. Redondos: genealogía de una postura, Buenos Aires, Ed. Milena Caserola, 2013.

Matías David López. “La organización de la cultura. (Notas a propósito de la muestra ‘Todavía no llegó el cocinero – Ruta 5’), blog hartoandar, diciembre de 2012. Link: https://hartoandar.wordpress.com/2012/12/30/la-organizacion-de-la-cultura-notas-a-proposito-de-la-muestra-todavia-no-llego-el-cocinero-ruta-5

Síntoma Curadores “Reseñas”, 2013. Link: http://issuu.com/sintoma/docs

La Fábrica de manteca, FM provincia 97.1

clubhemParece actualmente una práctica cada vez más extendida. Quizás sólo “parece” y hace rato que viene siendo, mucha gente se pone a escribir y publicar literatura al menos en estos lados platenses: cuentos, poesías, poemas, aguafuertes, estrofas, relatos…

Es un trabajo arduo meterse con la escritura literaria, pero otro tanto es proponerse publicar, poner en circulación, construir un circuito de escritores, lectores y oyentes. Agitar –y más allá de la letra escrita-. Alguna vez leí, en alguna lectura académica que no recuerdo, que un texto es si se pone en circulación, y así se trasforma en discurso social. Creo que esa afirmación tiene mucho de verosímil.

Volviendo al agite, esta es la apuesta más interesante que lanzan Club Hem y Pixel. La primera –esperemos de muchas- agitaciones y conspiraciones es la antología “El último día del verano” (2012). En ese enrosque un elemento fundamental es el modo de gestar, no sólo un libro –un soporte material concreto con páginas, diagrama de palabras, alguna imagen, diseño que en esta publicación esta muy bien trabajado- sino una experiencia: que se va tramando en redes sociales virtuales, en afinidades y amistades, en juntadas, en eventos para encontrarse a leer y escuchar, en una publicación.

Los apostadores parecen entender que “hacer un libro” no es sólo escribirlo. Y ahí volvemos a eso de que un texto es sólo si se pone en circulación. Pero hay que agregar que también se tiene que pensar sobre cómo circulará un texto. En este caso un libro que no es sólo un libro, sino un evento, una lectura, un me gusta en Facebook, un comentario en esa red social, un poema colgado para ser visto y leído, un micrófono abierto para recitar, un trago de vino mientras se oye…

A esta altura el lector entenderá que esta no es sólo una reseña de un libro y de los escritos que lo integran, de la antología mencionada. En verdad, pretende ser eso y algo más: una reseña posible de una experiencia que viene siendo, que está abriendo caminos para la creación, el compartir y el disfrute.

El “contexto”, o mejor, los contornos y los procesos colectivos. Lo interesante de estos momentos que vivimos, donde proliferan los “códigos abiertos”, las ideas por compartir las creaciones y las críticas a los mediadores, es que los propios autores –o productores- se meten en la edición y publicación. Y ahí va la proposición de pretensión sociológica: la hegemonía y legitimación de los medios de producción cultural-discursiva tradicionales se va reconfigurando por la proliferación de nuevos medios y redes en donde se colabora, se crea y circulan producciones culturales sin mediadores, buscando visibilizar, decir y legitimar otras voces en el campo de la producción cultural. Así está ocurriendo en la música, en las artes visuales, en la comunicación y en la literatura. Así como en las propuestas que pretenden cruzar muchas de estas expresiones. Estamos habitando –y gestando- la era del “hazlo tu mismo” recargado, potenciado por la web y sus posibilidades, de la autogestión como acción y proyección. El propio Club Hem es un proyecto que combina conexión y encuentro. Entrar en la web, salir por la ciudad a visitar distintos centros y casas culturales. Habitar ambos espacios.

Quizás con esta publicación también se lanza una invitación a la lectura –si para nosotros los lectores esporádicos-, tal vez es oportuno superar el momento de la temporada de verano –de pileta, playa, montaña, ocio, trabajo, calor- en el que nos acercamos a la literatura para explorarla no sólo en los “días sin tiempo”, de suspensión que es el verano sino en toda nuestra vida cotidiana.

Por estas latitudes el verano se termina, como aquí este escrito, puesto a circular en su último día.

Matías David López

19-3-2013

Imágen: Leonel Arence

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Bardo

Mariano Dubín

Editorial Pixel – La Plata

El nuevo libro de Mariano Dubín es poesía de combate: un bardo que está pensando al bardo, a la figura y lugar del poeta, del vate, del cantador. Dubín cierra así, bardeando una (su) trilogía y propone un “hasta acá”. Hasta acá que abrirá paso a un “lo que viene” a lo que está “por-venir”.

La prosa de Dubín anda por esquinas, pasillos, bares, cabarés, montes, se va de viaje pero vuelve siempre al barrio. Se mete en la noche, en esas donde el bondi te deja a pata. En las situaciones que relata hay pedidos y reclamos, de tragos/besos/monedas/abrazos que se demoran, que se hacen esperar. Por ahí también andan trolas, vagos, peones, tilingas y judíos… Además de vasos de vino que se derraman, dientes rotos, derrapes varios, altos bardos que se arman, que se amasan.

Los personajes buscan arreglar sus vidas, o mejor, vivirlas. Dan batallas y muchas aunque saben de antemano que la derrota está asegurada. Sin embargo hacen la guerra a lo que les toca, guerra y a veces amor.  Apuestan aunque la errancia sea el terreno venidero. Si hay victorias serán transitorias. Y entre ellos, entre esas gentes, está el propio Dubín, sabiendo que escribir es un bardo, que la vida es un bardo y hay que meterse en ellos, sabiendo que nunca saldremos ilesos.

Otro bardo más es la idea de publicar éste libro. Apuesta luminosa, certera que Dubín hace junto con la editora Pixel, un sello autogestionado que cada vez más va para adelante en las aventuras en que se mete. Ésta es una de ellas.

Matías David López

Reseña publicada en la revista La Pulseada N° 101, julio de 2012.

Link: http://www.lapulseada.com.ar/site/?p=3566

Matías David López

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